Quiero sentir el éxtasis cada día, retorcer a los monstruos y amenizar las caídas con el desmembramiento de mis órganos, sonreír con olores atascados en los vértices de mi lecho, agitar las pestañas con la mirada perdida en la estrechez de roces y sulfuros.
¿Y qué es lo que me lo impide? Un arraigo a la lejanía más absoluta y un negocio obligado al fracaso. La mafia de mi conciencia se ha sentado a jugar, y cuando no le gustan sus cartas.... supongo que cuando el estómago se me ahoga es cuando eso ocurre... que empieza el tiroteo.
Y es que llevo demasiado tiempo sin entender el significado de la palabra "sentir". La he buscado en el diccionario, y como si no fuera bastante difícil que mi mente la consiga analizar, se me ofrecen catorce acepciones. Catorce respuestas que mezclan el placer con la podredumbre que hacen que los habitantes que hay en mi pecho, los latidos, sean cada vez más susceptibles, se cansen demasiado pronto y no me hagan que de un topetazo de muelle saboree el espacio.
Puedo contar con los dedos de una mano las veces que en este eterno periodo se han acelerado como en una carrera por llegar a la cumbre maravillosa que adereza las comisuras de un beso.
¿En qué me estoy convirtiendo? En carne viva que absorbe su piel pelada por el frío, en encías que sangran con el sonido audaz de un grito a medio amanecer, en voces portadoras de sueños que se pronuncian entre dientes.
Y como diría Blas de Otero: Me estoy quedando sola, arañando sombras para verte.
1 comentario:
Podemos perpetrar un plan para romper la tapia que impide el placer, que tapa el espacio que pulsa tu palpitar.
Y paso a paso las pes se volverán eses, y así se apreciarán los susurros sobre suspiros que solapan suaves aspiraciones e inspiraciones; las sinuosas caricias deslizándose por sienes...
(Ahora sí que me voy a dormir)
(Te quiero)
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