jueves, 25 de septiembre de 2014

De "No te" a Norte

Le voy a regalar a tu eminente frente la negación de cualquier tipo de vínculo.
Para que las letras y los números follen hasta que hagan un nudo con tus rizos en mi estómago,
y así me abraces con el sueño fruncido.

Cada ciudad donde has silbado se nutre de rabia y te llama imbécil,
por haberte ido,
por haber estado ido,
por haber estado.

Pero si vuelves lo mínimo que hará será acostarse sobre ti,
pues eres el incentivo de volver a casa con los ojos atragantados de sonreír.

Desearía ser yo quien te dedica portadas y te lame los muslos
mientras a ti te tiemblan los dedos desde julio hasta septiembre.
Y al final me has comido.

Me he comido
una atracción insulsa para no destrozar el flujo de indiferencia
que te ha bajado por las rodillas
y que me ha calado hasta las manos
sin que las hayamos entrelazado alguna vez.


Así que si me transitas, siendo polvo haremos polvo,
nos mancharemos de besos, nos ignoraremos las espaldas.

Y dormiremos, más tarde de después, impolutos de conciencia
ya que no habrán placas que choquen y muevan la superficialidad,
ni sangre que llene de estigmas la piel de quien
no(s) quiere.

martes, 2 de septiembre de 2014

Tú, ti, me, contigo

Acaricio los verbos con los que actúas para ofrecerles la suavidad con la que quiero que me vivas.
Mis yemas han sido demasiado compartidas, pero solo tú has probado mis palmas,
con las que abarqué a manos llenas toda tu intangibilidad.
Será que soy como el asesino de El Perfume, pero no voy a guardar tu esencia en la pituitaria
-eres tú el que esnifas epidermis-.
Únicamente intenté recordar el molde de tu contorno incluso cuando estás.
Y quedarme en él cuando
te vas.

Te has ido.
Te irás.

Retumban quejas sordas y prohibidas en las paredes de tus antebrazos.
Que no pueden oír, que no pueden reír-se de mí-, pero que me están haciendo creer.
Creer que -me- corro por tus venas.

Y tengo que parar
para que el mundo se baje,
porque si le digo que le quiero se saldrá de su órbita hasta estrellarse con una de tantas Melancolías.

Pero antes te voy a besar con los dientes, para frenar.
Para que me frenes.
Y así, por una vez, ser tu complemento indirecto.