jueves, 18 de diciembre de 2014

La resaca, o el orgasmo

“Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”.
Pero que el cambio era inevitable puede que nunca lo llegue a estimar.

Me quitas el hambre para devolvérmela en resoplidos,
y espero a que sean tus manos las que tapen mis encías cuando evito, conscientemente, sonreír(te).
Mantengo la vergüenza de abrir un libro desnuda,
y no por cómo lo hago sino porque me ofrezcas algo nuevo.
Algo.
Nuevo.
Podemos constatar que no nos queda de este tiempo inmaterial para culminar este disparate, esta incertidumbre, este caos corrupto que me roba mordiscos.

Así que me voy.
Pero me voy

con sólo suplicarte que tú también lo hagas.

Me voy.
Me voy.
Me voy.


Y tú vete,
conmigo.

Pero vuelve. Que no quiero que dejemos de
irnos.


jueves, 25 de septiembre de 2014

De "No te" a Norte

Le voy a regalar a tu eminente frente la negación de cualquier tipo de vínculo.
Para que las letras y los números follen hasta que hagan un nudo con tus rizos en mi estómago,
y así me abraces con el sueño fruncido.

Cada ciudad donde has silbado se nutre de rabia y te llama imbécil,
por haberte ido,
por haber estado ido,
por haber estado.

Pero si vuelves lo mínimo que hará será acostarse sobre ti,
pues eres el incentivo de volver a casa con los ojos atragantados de sonreír.

Desearía ser yo quien te dedica portadas y te lame los muslos
mientras a ti te tiemblan los dedos desde julio hasta septiembre.
Y al final me has comido.

Me he comido
una atracción insulsa para no destrozar el flujo de indiferencia
que te ha bajado por las rodillas
y que me ha calado hasta las manos
sin que las hayamos entrelazado alguna vez.


Así que si me transitas, siendo polvo haremos polvo,
nos mancharemos de besos, nos ignoraremos las espaldas.

Y dormiremos, más tarde de después, impolutos de conciencia
ya que no habrán placas que choquen y muevan la superficialidad,
ni sangre que llene de estigmas la piel de quien
no(s) quiere.

martes, 2 de septiembre de 2014

Tú, ti, me, contigo

Acaricio los verbos con los que actúas para ofrecerles la suavidad con la que quiero que me vivas.
Mis yemas han sido demasiado compartidas, pero solo tú has probado mis palmas,
con las que abarqué a manos llenas toda tu intangibilidad.
Será que soy como el asesino de El Perfume, pero no voy a guardar tu esencia en la pituitaria
-eres tú el que esnifas epidermis-.
Únicamente intenté recordar el molde de tu contorno incluso cuando estás.
Y quedarme en él cuando
te vas.

Te has ido.
Te irás.

Retumban quejas sordas y prohibidas en las paredes de tus antebrazos.
Que no pueden oír, que no pueden reír-se de mí-, pero que me están haciendo creer.
Creer que -me- corro por tus venas.

Y tengo que parar
para que el mundo se baje,
porque si le digo que le quiero se saldrá de su órbita hasta estrellarse con una de tantas Melancolías.

Pero antes te voy a besar con los dientes, para frenar.
Para que me frenes.
Y así, por una vez, ser tu complemento indirecto.

jueves, 21 de agosto de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 10: Amedea

Le encantaban los sueños, dormir sumergida en la falta de cordura y balancearse en el libre albedrío de la realidad desintoxicada. Pero mayor era el deleite al despertar y darse cuenta de que no iría más allá de aquellos atisbos incongruentes con los que la oniria la entretenía. Tal era la impasibilidad que disfrutaba tras el periodo de expiación diario en posición horizontal que hasta había llegado a desear sufrir de narcolepsia.

Sin embargo había veces, en el feudo de la vigilia, en que la semántica le planteaba retos para los que la técnica del raciocinio se cohibía y la dejaba a merced del subconsciente, ése que como un zorro famélico e insaciable tanto le gustaba husmear por las noches.El insomnio y el desvelo se apoderaban del tiempo y cuando ésto ocurría no había ataques de ansiedad, crisis de ausencia o convulsiones en la tráquea que le ayudasen a purgarse de tal inconsistencia.
Nunca fue perfeccionista, e incluso había llegado a admitir que no le importaba llegar a olvidar...pero su mayor temor era la incapacidad de definir.

Y aquel día, las acepciones se escapaban de su lengua.
Con la espalda empapada de recelo y las sienes vulnerables a cualquier juicio, se debatía entre dos términos los cuales se le antojaban imposibles de separar pero para los que era capaz de elegir su predilecto (o más bien dicho, de cuál le importaría menos renegar).

Y, valiéndose de la redundancia, se preguntó:
¿Qué te llevarías a una isla desierta: a NADA o a NADIE?

Si bien la NADA abarca cualquier posibilidad de existencia, incluyendo los “alguien” y con ello la totalidad (aunque nula, pues nada es nada) de la libertad, quedarse despojada de toda contingencia era lo que prefería si así podía elegir la discontinua y ambigua fracción que NADIE ofrece.
Y con ello llegó a una decisión, no clara, pero sí definitiva: Podría empeñarse en generalizar el vacío hasta llegar a la ataraxia más desolada, donde el vicio de la soledad nos relega a una especie de independencia anhelada, a una completa soltería en todos los sentidos.
Pero para ella tener la autonomía de la vida era algo demasiado agónico si no tenía al final a alguien con quien compartirla.


Y por muy lejos que estés, NUNCA dejaré que NADA nos convierta en NADIE.






Para Ajla. "Happiness only real when shared" (Into the wild)










miércoles, 6 de agosto de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 9: Maël

Cuando todo ocurrió, ambos sabían que tenía fecha de caducidad y que los límites que acotan el mundo no les darían más que unas gotas para aprovechar el frenesí del principio, y que no tendrían tiempo para girar sobre sí mismos y agotarse el uno al otro.
El bienestar de una mirada, la satisfacción de una risa o la calma provocada por un olor era lo expresamente necesario para que pudieran sentirse satisfechos.
Fueron meses de mañanas interminables con canciones de Edith Piaf y largas noches humedecidas al calor de volver de cualquier antro inglés.

Pero cuando el amor se afinca en el vocabulario es cuando la vulnerabilidad acecha.

Y así fue como “los monstruos de la razón” atacaron de nuevo la carne desprotegida por la creencia de que la felicidad la mantenía fuera de peligro.
Ella fue encerrándose cada vez más en aquella jaula de barrotes empapelados, sin luz que encendiera la fuerza de salir.
Él fue desapareciendo, poco a poco, en el aura de optimismo que siempre le había caracterizado, ocultándose en sus recuerdos y flotando en la ingravidez del tiempo que no mucho después les hubiera condenado al olvido.

Y aquello la consumió.

El final llegó con forma de río, la arrastró hacia el fondo hundiéndola en su decepción y dándole como único grito de socorro un ahogado “I can't”. Pero antes de que su flequillo fuera arrastrado por la corriente, él la cogió de los hombros, le secó la espalda y le inspiró el oxígeno que nunca había dejado de darle.
Y aunque ella había infravalorado la calidad del positivismo de Robin, gracias al abrazo que éste le dio en la orilla del miedo supo que algún día correría por sus venas ese poder de evitar regalarle a la amnesia la plenitud de una de sus escasas sonrisas.






“You have been in every way all that anyone could be. […] Everything has gone from
me but the certainty of you goodness” (V.Woolf)

domingo, 20 de julio de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 8: Javier


Ella era inválida a las caricias. Cada vez que alguien le intentaba abrazar, sentía que el viento era lo que rodeaba su cuerpo y que toda la sensibilidad que el ser humano tiene al tacto se había evaporado. A pesar de que siempre estaba fría, pálida y con ojeras, sabía que no había desaparecido de entre los vivos por aquella emoción previa al contacto.
Y es que, cuando pausadamente sus dedos se aproximaban, cada vez más cerca, a una piel, podía ver, oler, oír y saborear el aura previa a la epidermis, esa estructura intangible que exhuma vida.
Sin embargo, cuando creía poder tocar, todo se difuminaba, y sus manos se quedaban llenas de la piedad esquiva por intentar perpetrar lo imposible.

Él tenía que mantener el fuego, y ello le llevaba a vivir bajo la responsabilidad de controlar la furia del calor. Pero a veces, sin remedio, las llamas extraían de lo más profundo de sus entrañas la violencia encerrada como rehén de su propia protección. Las consecuencias de la extirpación de su ardiente agonía no eran más que una muestra de su falta de vitalidad, de su sentimiento de ser una presencia opaca entre la humanidad viviente que le rodeaba. Sin embargo, aquella expulsión de brutalidad era lo que le hacía sentir aquel acto ordinario y automático que apenas comprendía: existir.
Y sin quererlo, puesto que ese verbo era incompatible con sus cuerpos, aquellos dos pacientes del síndrome del parcialmente muerto se dieron cuenta el uno del otro, de sus carnes desolladas y vacías.
Ella, con la sequedad de sus labios, planteó la acción de subir sus comisuras y mostrar sus dientes devoradores de aullidos de dolor.
Él, con sus ojos oscuros, la observó introduciéndola en la profundidad de la negrura sin brillo de su mirada, portadora del miedo que la alimentaba.
Eres suave”, dijo él. “Y tú estás frío”, dijo ella.
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Y la vida siguió ,alargándose y cortándose. Pero a ellos ya no les interesó más intentar aferrarse a aquel hilo que nunca les había configurado.

Porque cuando los “no-muertos” se besan se da lugar un intercambio de hiperestesia tan abrumador y potente que consiguen que sentir se convierta en la necesidad más innecesaria para lograr perecer en el mundo con una inexplicable felicidad absoluta.





We are undead and we must to be proud of it

miércoles, 2 de julio de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 7: Raúl (Capítulo perteneciente al proyecto venidero de PanecicosDulces S.A.)

Aunque desconocía por completo que tal acontecimiento hubiera ocurrido, a su tía, siempre tan tiquismiquis en superfluos detalles, le gustaba (LE ENCANTABA) recordárselo.
A ella le hacía sentir que se reía y mofaba y le parecía tan sumamente patético que no daba crédito a que realmente su tía intentara meter a presión de carcajadas burlescas tal episodio.
Era algo tan absurdo y tan dulce (pues la inocencia de los niños, por muy tonta que sea, siempre sabe a miel) que ella ardía de rabia cuando la tía doña perfecta se saciaba del poder adulto que tuvo en aquel momento.

La historia era que un día, en la feria del pueblo, una Ana de cinco años se compró un globo de helio. Un globo rosa (cómo no, rosa para la nena) que llevaba con gusto atado a su diminuta muñeca y al cual miraba volar con los ojos como platos, donde el cielo se reflejaba y confundía su color entre el azul y el verde.(De pequeña era muy policromática). Cuando llegó a la comida familiar, su tía le preguntó que de qué se había comprado el globo.
“Es un caballito”, dijo ella. Y su tía, no contenta con la respuesta, le recriminó una y otra vez que no tenía razón, que era un unicornio pues tenía cuerno, era rosa y no sé cuántos más motivos para redefinir el concepto de Ana.
“No, es un caballito”, volvió a decir aquella pequeña respondona.
Cuando llegaba a esa parte, su tía estallaba en risas y le reprochaba haber sido siempre tan cabezota incluso con las cosas que ignoraba.
La Ana de dieciocho años callaba, enmudecía y se encogía, volvía a los cinco años y flotaba en la incomprensión de la mofa de su tía.
Buscaba entre las páginas de Saint-Exupéry para contrarrestar su impotencia infantil en un cuerpo adulto cada vez que alguien revolvía ese tipo de recuerdos que la hacía sentirse estúpida.
Pero un día, leyendo un cuento de Alejandro, se dio cuenta de lo que había intentado entender. Él le contaba en su historia cómo un dragón volaba custodiando a a una princesa y cómo ambos, premio y desafío, esperaban eternamente la llegada de su obligado destino. Sin embargo, el cuento se cerraba con una conclusión nihilista y muy pragmática: los dragones no existen.
Y Ana, con ya casi veintitrés, abrió los ojos y se sintió feliz.

“Es un caballito” era una de las frases que dejaba la impronta del sentido de su vida. Ella se conformaba con la realidad y encontraba la fantasía en el mundo cotidiano. Además, tenía el poder de dar vida a lo irreal a través de su imaginación, con papel y tinta como armas.

Así que, querida tía, a mi no me hacen falta ni unicornios ni dragones para vagar por los límites del mundo tangible y disfrutar de su (in)congruencia.

Y gracias, Alejandro que, por suerte, tú sí existes.







martes, 27 de mayo de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 6: Alejandra


Conocía esos momentos en los que el tiempo se tensa y desencaja los huesos, en los que uno tiene que detenerse frente a una puerta que se abre al renacer. Estiraba los segundos aunque doliera –siempre fue muy flexible-, porque no le importaba desquebrajar los límites de la física si podía evitar un poco más el posarse sobre lo desconocido. Pero la inevitabilidad del círculo vicioso en el que las horas se alimentan le obligó a asomar sus ojos, que salieron a hurtadillas por un pasillo vacío, exento hasta de aire que sus pestañas pudieran respirar, que despeinara sus labios alborotándolos en forma de sonrisa.

Escuchó un tintineo, un vaivén de cuentas que se columpiaban de una nuca que hacía que la escala cromática se fundiera en un solo color. El color de la madera que celebraba el decorar el cuello de su portadora.

Le hizo sentir alivio, y mientras se iba aproximando hacia aquella imagen sonorizada por sus propios abalorios, se fue desvaneciendo la necesidad de protegerse en el anonimato. Volvía a suspirar después de haber estado inhalando las motas de polvo arrancadas a mordiscos en la desesperación por devorar las cuatro paredes de aquel cuarto.

Un “hola” sencillo, asustadizo pero empujado con toda la fuerza de sus pulmones se presentó ante ella firme, con la mano extendida hacia sus oídos.

Podría admitir que todavía no había aprendido las palabras que definirían ese saludo pero ahora, cuatro años después, se permitió el lujo de describirlo:

Cada vez que Bárbara pronunciaba un fonema, éste se proyectaba hacia su boca y explotaba la ambrosía de un sabor único y tierno que sólo que puede apreciar si procede de aquellos que te quieren (y que te querrán). Y así le dulcificó su nueva vida.







A la "Eva" de nuestra pequeña familia

domingo, 25 de mayo de 2014

Trailer

Te quiero.








Próximamente, en los mejores rincones de tu piel.

martes, 20 de mayo de 2014

Postales Presonalizadas // Capítulo 5: Matilda

Admiraba cada palabra que conformaba el tropel sonámbulo de su cabeza, parroquiano más habitual de un hemisferio que de otro (al caos le gusta emborracharse de emociones).
Ella estaba tan confusa que sólo podía encontrar una explicación si tenía fe por primera vez en su vida y creía en que había algo más allá del entendimiento. No era arte, no era talento, no era magia. Era divinidad.

Tal esplendor emanaban todas sus maravillas a las que llamaban "rarezas" que, sumado a la incertidumbre de no saber cómo expresarse frente a su rostro, embriagaba su cuerpo de sacudidas que le atemorizaban y, a la vez, le hacían sentir su protección. Se mostraba frágil ante tal portento creador de belleza, de la más gran belleza, como Sémele abrasada al calor de la perfección. Y eso le daba una felicidad atroz, un miedo eufórico y demencial.
Desorientada sobre la cama desde donde veía el borde -el abismo-, le suplicó con gotas de temblor que le dejara deslizarse horizontalmente. Las sienes le desequilibraban, pesadas como yunques que estallaban tras sus ojos desde donde el cariño nacía con forma de manantial. Y las palabras, único escudo imperecedero, se habían desvanecido entre los parpadeos centelleantes que se evitaban entre ambas.
Se tumbó, y ella le reiteró. Nariz helada contra manos escondidas.
Les separaba una barrera incorpórea de centímetros que las alejaba años luz. En un lado la inseguridad, en otro la culpabilidad. Ella observaba desde su parte de la frontera como aquel niño que está a punto de notar la lluvia por primera vez y que vislumbra, tan lejos y tan cerca, aquello que sabía que existía pero que era una verdad negada.
Realidad cubierta de un plúmbeo velo contra el que sus fuerzas eran insuficientes para destapar.

Pero su agitación, todo nervio, traspasó tanteando cada movimiento de su boca para no fallar en nada de su petición, estirando los brazos hasta el infinito de aquella ciudad hecha de sábanas. Reclamaba serenidad y respuestas mudas; imploraba la cura de aquellas heridas putrefactas que la oscurecían por dentro como un torbellino ilimitado de la mismísima Laguna Estigia.

Y destruyeron el muro con las mil revoluciones en las que palpitaban, sin más sonido que el encaje de sus extremidades y el eco metafórico de una música de piano.





"Sputnik, mi amor"

miércoles, 14 de mayo de 2014

Postales Presonalizadas // Capítulo 4: Eduardo

 El proceso de creación siempre es complejo, e incluso desesperante, hasta que se alcanza la idea anhelada. Vueltas y vueltas sobre la misma disposición de hacer algo sin saber qué. Eso es lo que le ocurrió a ella con él.
Primero le vio, le proyectó y le deseó; pero le tuvo que inventar a base de rumores e imágenes filtradas por la selección de anónimos ajenos al interés de su indagación.
Después le habló, y su ilusión pareció encajar perfectamente con la realidad.  No dejaba que se diera un solo paso que ella antes no le hubiera planteado a su mente cómo debía producirse.
Luego le tocó y pudo ser capaz de afirmar que le conocía, sin darse cuenta de que no había abandonado en ningún momento el estatismo en el que la imaginación  le mantenía, flotando con los músculos agarrotados y exasperando suspiros que empañaban la ventana que daba hacia la mañana. Maldita mañana.
Lo que ocurrió más tarde fue rápido, que no fácil. Como un corte perfecto hecho con un folio nuevo. Le olvidó. O simplemente le arrinconó en aquella galería mental que sólo se abre cuando se va buscando y revolviendo algún momento concreto hasta que el error demuestra que no era ahí a donde se quería llegar. Y se desempolvan, con tacto minucioso y nostálgico, las figuras besadas y los rostros acariciados, a los que apetece volver a transitar sobre ellos -porque con los recuerdos se consigue cortar la noción del pasado-, pero que no son más que las reliquias de la propia intrahistoria que se rebajan a ser una mezcla de la ficción que fue construida y la realidad que sigue difuminada.
Y fue entonces, en la disección entre el convencimiento de su existencia y el ansia de hacerle desvanecer cuando decidió que podía volver a crearle. Le deshumanizó en la experiencia que le hizo sentirle más humano, fuera de su invento. Y pudo ver su organismo en movimiento gracias al trazo de las letras, su respiración en cada espacio y su pelo en cada arruga del papel. Para siempre.

Gracias, Samuel.
Por ti pude hacer que la eclosión de tu persona y mis sensaciones una noche concreta pudieran ser inmortales e igual de perfectos que cuando se dieron lugar. Que la literatura se hiciera vida: Parte de mi vida. Parte de tu vida






Y que retornaras

miércoles, 7 de mayo de 2014

Piromanía

Soy completamente inflamable desde que me rociaste con tus palabras, pues tengo el corazón tan hinchado que una chispa provocada por tu saliva me convertiría en lenguas de fuego que devorarían cada esquina de mi cuerpo, cada vértice de mis delirios.

Y sólo quedarían cenizas que se esparcirían por tu paladar, ardientes de combustión, ardientes de ira por obligarlas a tener sabor a “no te quise nunca”.




jueves, 1 de mayo de 2014

Queda terminantemente prohibido expresar algún tipo de sentimiento.

...Sigue hablándome por favor, pues cuanto más me digas más destrozada me dejarás al acabar la conversación. Pero así podré sentirte cerca, acuñando mi corazón como si fuera tuyo (siempre ha sido tuyo). Y me quedaré sin ganas de tragar saliva, de respirar, de latir.

Porque es así como consigues que se enaltezca mi perspectiva de estar viva y de crear la belleza que ambos conocemos: la que tú haces posible y yo reconozco y reproduzco bajo tus palabras de ignorancia que me llenan de amor...

domingo, 13 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 3: Casandra

Siempre estaba lejos pero nunca ausente. Daba pasos sosegados entre todo aquello que la rodeaba, sin hacerse notar pero sin huir del todo. Le ocurría desde muy pequeña: para ella el placer era poder estar sola sin necesidad de exponer a los demás su epitelio protector. Era un límite demasiado poderoso hecho por ella y para ella, ¿para qué compartir un espacio tan frágil si peligra a difuminarse entre lo ordinario y lo común de la interactuación? No lograba entender por qué la soledad tenía tantas connotaciones negativas. Disfrutar era sinónimo de imaginar, y con cinco años era inalcanzable el poder explicar la suficiencia de estar consigo misma.
Pero tuvo que crecer intentando evitar su propia filosofía, estudiando al detalle la comunicación. Los intercambios colectivos a veces se hacían demasiado voluminosos y el deseo de desaparecer fulgía en cuanto se cerraba un ciclo.
Sobrevivir a la variedad de las relaciones humanas, receptivas y desconcertantes, es una tarea exhaustiva y agotadora para quien se retroalimenta de sí mismo, que se busca bajo el cuello de la camisa las respuestas a cada frase, a cada mirada, a cada adiós. Y cuando la comprensión es burlada demasiadas veces, uno opta por desintegrarse para ahuyentar el dolor.
Pero ni aunque lo ansiara podía estar totalmente sola y aquella noche, en aquel conato de evaporación, Beatriz se lo demostró.
Y no hay hastío si constantemente hay presencias que apelmazan caricias y consuelo en la más completa clausura.





(There is still hope.)

domingo, 6 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 2: Minerva

No creo que nadie se haya nunca parado a pensar alguna vez en la forma en la que llegó a conocer a cada una de las personas que han pasado por su vida. No, ni mucho menos. Es más, a la gran mayoría las olvidamos, y al resto que queda las clasificamos entre “los de siempre”, “los de hace poco” y aquellos que “vaya putada no poder hacerlos desaparecer”.
Hiponimia social inconsciente y egoísta.
El paso del tiempo quiebra poco a poco la certidumbre de nuestros recuerdos hasta difuminarlos en lo que fueron (o no fueron). Es la mezcolanza irremediable que el desgaste senil nos regala.
En su caso, siempre se había sentido aturdida, a caballo entre el sueño y el mundo tangible y agotada por el miedo ya no de perder lo que uno tiene, sino de perder lo que ya no se posee. La esencia del recuerdo es tan vana y frágil como la cadera de un octogenario y la consumición de la rutina impide cada vez más la re-estructuración de nuestras capacidades. Padecía por asentar sus decisiones en el pasado, condicionando al devenir de sus agravios anteriores.
El presente era la (no) base de su nihilismo.
Pero aquella reminiscencia tan sumamente nula, imposible ni siquiera de hacer un esqueleto con sus anécdotas más dudosas le hacía siempre llevarse una sonrisa a la boca. Podía vivir de ella sin necesidad de arrastrarse hasta los orígenes de sus coincidencias. Porque el no recordar cómo había conocido a Esther le regaló la amnesia de un cariño ilimitado que la hizo inmortal.




(A mi escudo protector de la amenaza temporal)

viernes, 4 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 1: Gala

Le decían constantemente que no podía evitar las recaídas, y que no importaba que tuviera que depender de pequeñas dosis químicas para acercarse a la felicidad. Era una felicidad artificial pero, a decir verdad, ¿podría ser algo más que una mera consecuencia de varios elementos artificiosos superpuestos? Ella por lo menos podía explorar los colores de aquello que le proporcionaba “bienestar”. Pero a pesar de aquella actitud pragmática y natural, el tener que tomar pastillas para no ver cómo su rostro se deshacía frente al espejo le resultaba innecesario. Cuando las sentía sobre la lengua, saboreaba la asfixia necesaria para la tranquilidad ajena.
La desconexión de sus preocupaciones.
Desde que veía la misma caja todas las mañanas los estímulos para posicionarse sobre el papel se habían esfumado, y las ficciones-realidades que residían en su interior sólo aparecían de noche, durante el sueño cada vez más eterno. Le habían cambiado la medicación: Ahora eran los antidepresivos los que intentaban alcanzar lo que la escritura ya no conseguía curar. Se había hecho inmune a las palabras.
Toda ella se repartía en otro cuerpo, al igual que todo aquel otro organismo se extendía en ella de forma recíproca. Ambos caminaban por la misma senda de incertidumbre, y ese otro cuerpo cuyo nombre era Mireya tenía la respuesta (que no la solución) para aquel sufrimiento compartido y único:
Sentimos la vida más que el resto.





(A mi hermana-osa-polar)

jueves, 6 de marzo de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas

Al volver a mi querido pueblo manchego tras una larga de cuatro meses sin pisar tierras hispanas, me invadió tal sentimiento de desazón al pensar que tenía que volverme a la Britania que se me ocurrió una descabellada idea (descabellada porque no sé si mi imaginación dará pá tanto).  Un proyecto "literario" que podrá volar en los sacos de correos desde el Este de Londres hasta cualquier punto del mapa mundial donde se halle alguna cabeza loca que conforma mi sentido del amor.
Mediante postales en las que, por desgracia, un sello se come la mitad del espacio, iré escribiendo capítulos gota a gota a cada uno de los seres más importantes de mi vida: amigos, familia, perros (ojalá perros), el señor Kellogg.... 
Cada pedazo de cartón viajero será publicado, una vez sabida su llegada a su destinatario, en esta mi "cosa donde escribo en internet" (ya no puede ser Blog, eso es para tías ricas de instagram) con su correspondiente título, el cual tiene una explicación:
El título de cada pedazo de mí será el nombre que el destinatario pondría a su hijo/hija, para que también sea desde un principio un pedazo de sí.

Y de esta manera, con sólo unas cuantas líneas, podré llegar a todas partes y a lo más alto mientras cada uno de mis corazones repartidos bombee al compás de mis palabras.