domingo, 11 de noviembre de 2012

Diálogo: en cuerpo y Ana

-Hazme caso. Sácame a pasear, a que se me resbale el gorrito cuando nos tropecemos con las baldosas.


-Está lloviendo. Odio la lluvia, sabes que me produce jaquecas.

-No la odias. Ahora te gusta. Nos gusta. No hay nada como ponernos el flequillo chorreando y llevar el paraguas cerrado, el frescor en las sienes, las miradas de los que van corriendo por evitar mojarse sus peinados de peluquería, sus gabardinas, sus zapatos nuevos.

-Prefiero quedarme en casa. No tengo necesidad de pillar un catarro.

-Sácame o me activaré. Te haré gritar, llorar, palpitar. Haré que tiembles, si, lo has oído bien, haré que seas incapaz de tocarte sin que notes un terremoto por las venas de tus brazos, y que tus piernas sean incapaces de estirarse. Entumeceré tus huesos y mojaré tu frente con sudores fríos. Y nadie va a venir a amortiguar tu agitación.






El misterio de cómo mi cuerpo es capaz de avisarme de que la tragedia está a punto de culminarse, y el final fatídico acecha en cada sacudida con la que me amenaza. 


lunes, 5 de noviembre de 2012

Correlaciones

1.Agitación
2.Inconsciencia tediosa
3.Pulsaciones descontroladas, aceleradas
4.Noción abrumadora, desmejorada y anhelada por segundos
5.Concatenación de respiraciones descompasadas y tensiones decaídas.




Mi cuerpo es un epicentro de catástrofes atmosféricas.

Y yo soy fugitiva de mi propia incertidumbre



sábado, 20 de octubre de 2012

La película de las 03:00 AM

Llegué a aquel lugar sin más expectativas que un par de recomendaciones y ganas de evadirme. No sabía si me iba a gustar o no lo que iba a ver, y quizás ni siquiera sentía curiosidad; pero estaba solo y no tenía nada mejor que hacer.

Aquella chica me acompañó hasta ese edificio donde me pidió que tomara asiento en una sala poco iluminada. No era capaz de imaginar ni lo más mínimo lo que estaba a punto de acontecerme.
La habitación poco a poco se quedó en penumbra.

Me dediqué a pensar en todo lo que me habían hablado sobre ella y lo poco que sabía a la vez, y aquella ignorancia se mezcló con mi impaciencia al no oírla llegar y que el proyector no empezara a funcionar.

Por fin, apareció a mi lado.

Y entonces, comenzó la película:

Las imágenes brillaban por su austeridad; limitándose a una escala de luces rojas y sombras que brincaban desde sus manos hasta los vértices de mis hombros.

La pantalla se quedaba en blanco sin más relieve que el del rastro que mis dedos dejaban en su espalda.

Los protagonistas, sus ojos, entrecerrados, verdes, vidriosos, entraban a escena dispuestos a cautivar al espectador en 130 minutos con forma de 130 miradas incesantes.

La banda sonora se componía de una melodía de suspiros que armonizaban con risas agudas.

Su cuerpo se convirtió en el argumento, donde el punto álgido de la trama apareció cuando yo me fundí en nuestro espectáculo como único director.

El desenlace acabó con el contacto de sus piernas al caer temblorosas.

Acariciar su costado inerte resumió los créditos finales.






-Aportación para el fanzine Atiuste #5: Cine

domingo, 14 de octubre de 2012

¿Qué nos queda?


Me estiré de los dientes, el pelo me mordió, el agua me arañó, grité para que nadie me oyese y me callé para que el silencio estallase en mi mente.
Pero eso nunca fue suficiente.

Entonces, sumergí mi cabeza hasta el mar más profundo del agujero más negro;
y en la cordura más efímera, me deshice.

Y vi cómo se me despedazaba el cuerpo cacho a cacho, miembro a miembro.

Y vi apagarse mi voz y mi olor.

Y vi cómo ya no podía ver.




Y en mi mirada ahora sólo se refleja el vacío.








Porque cuando has perdido todo el derecho a amar................. N A D A.

martes, 21 de agosto de 2012

H2O - 21gramos

Nadar

Me encuentro ante una linea totalmente horizontal, que se desplaza desde mi retina hasta el corte que la superficie forma cuando encuentra un obstáculo y ya no tiene hacia dónde desplazarse.

Hundo mi nariz, aspirando el oxígeno que no es compatible para mis pulmones.
Quiero controlar el agua, así que la huelo, y disfruto de la humedad en mi pelo; y la acaricio, y siento el frescor de la piedra.
Necesito cerciorarme de que mis propósitos no corren peligro.

Me coloco unas cintas, en los pies. Unas fundas con pesas. Una en cada tobillo.

Me impulso y me disparo.
El momento de salida es totalmente decisivo para la velocidad que voy a tomar y, a partir de ahí, centro el ejercicio en idas y venidas de movimientos de brazos y de piernas que luchan por no ser arrastrados hasta el fondo por los lastres que llevo como prótesis.

Voy, choco, paro, empujo.
Voy, choco, paro, empujo.
Voy, choco, paro, empujo.

Agarrándome a las ondas que el agua me proporciona voy avanzando y retrocediendo con la sensación de hundirme atada a los talones.
Y sigo, sigo, sigo...hasta que ya no quedan olas ni horas que mi cuerpo sea capaz de crear.
Boca arriba, me desato las pesas y me mojo la cabeza, las orejas, la nuca.
Y ahí me quedo, suspendida por el agua en calma que horas antes estuve azuzando y que ahora chasca besos en mis sienes.

Y mi rostro se queda intacto, sintiendo la tranquilidad pospuesta al desorden.






Vivir

Me encuentro ante una linea totalmente horizontal....y vertical...y espiral; que se desplaza desde mi retina hasta el corte donde me llega la vista, pese a que la superficie no haya encontrado ningún obstáculo que le impida poder desplazarse.

Hundo mi nariz, aspirando el oxígeno que es compatible para los pulmones, aunque no para los míos. Bocanadas de aire como un intento desesperado por controlar la vida. Pero la huelo y no soporto su olor; la acaricio y magulla mis manos.
Necesita cerciorase de que mis propósitos corren peligro.

Me coloco unas cintas, en el corazón. Unas fundas con pesas. Una en cada ventrículo.

Me impulso y me disparo.
El momento de salida es totalmente decisivo para las decisiones que voy a tomar y, a partir de ahí, centro el movimiento en idas y venidas de ejercicios de cuerpo y de alma que luchan por no ser arrastrados hasta el fondo por los lastres que llevo como prótesis.

Voy, choco, paro, empujo.
Voy, choco, paro, empujo.
Voy, choco, paro, empujo.

Agarrándome a los deseos que la vida me proporciona voy avanzando y retrocediendo con la sensación de hundirme atada al pecho.
Y sigo, sigo, sigo... hasta que ya no quedan fuerzas ni horas que mi cuerpo sea capaz de soportar.
Boca arriba me humedezco los ojos, la boca, la nuca.
Y ahí me quedo, suspendida por la vida turbada que años antes estuve azuzando y que ahora chasca besos en mis sienes.

Y mi rostro se queda intacto, sintiendo la pureza pospuesta a la tranquilidad.

 Y no me desato. Nunca.



Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar, 
que es el morir...
(Jorge Manrique)

martes, 17 de abril de 2012

Catarsis

Imagina la catástrofe absoluta: el momento en que la Tierra explote.

Las estrellas se nos caerán encima como puntas de alfiler lanzadas con las raíces de los árboles.

El sabor a arena aplacará nuestros sentidos.

Bajo nuestros pies bucearán los pájaros y sobre nuestras cabezas volará el miedo, aplastando nuestros pulmones sin dejar más aliento que una esperanza que ya no volverá.

Todo el epicentro ardiente saltará con la facilidad de las gotas de agua, donde la lava se unirá con el océano, y nada los acallará.
El rumor del desastre no dejará oír el mito de que la tierra llora.

Los gritos se quedarán en el interior de los ríos, esparcidos en el vacío.

El corazón de quien nos engendró dejará de latir.
Y ya nadie se preocupará por nosotros.



.....





Ahora puedes imaginar qué es lo que siento cuando, en una décima de segundo, nuestras miradas se entrecruzan.
Y ya tus ojos no se preocupan por los míos.