jueves, 21 de agosto de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 10: Amedea

Le encantaban los sueños, dormir sumergida en la falta de cordura y balancearse en el libre albedrío de la realidad desintoxicada. Pero mayor era el deleite al despertar y darse cuenta de que no iría más allá de aquellos atisbos incongruentes con los que la oniria la entretenía. Tal era la impasibilidad que disfrutaba tras el periodo de expiación diario en posición horizontal que hasta había llegado a desear sufrir de narcolepsia.

Sin embargo había veces, en el feudo de la vigilia, en que la semántica le planteaba retos para los que la técnica del raciocinio se cohibía y la dejaba a merced del subconsciente, ése que como un zorro famélico e insaciable tanto le gustaba husmear por las noches.El insomnio y el desvelo se apoderaban del tiempo y cuando ésto ocurría no había ataques de ansiedad, crisis de ausencia o convulsiones en la tráquea que le ayudasen a purgarse de tal inconsistencia.
Nunca fue perfeccionista, e incluso había llegado a admitir que no le importaba llegar a olvidar...pero su mayor temor era la incapacidad de definir.

Y aquel día, las acepciones se escapaban de su lengua.
Con la espalda empapada de recelo y las sienes vulnerables a cualquier juicio, se debatía entre dos términos los cuales se le antojaban imposibles de separar pero para los que era capaz de elegir su predilecto (o más bien dicho, de cuál le importaría menos renegar).

Y, valiéndose de la redundancia, se preguntó:
¿Qué te llevarías a una isla desierta: a NADA o a NADIE?

Si bien la NADA abarca cualquier posibilidad de existencia, incluyendo los “alguien” y con ello la totalidad (aunque nula, pues nada es nada) de la libertad, quedarse despojada de toda contingencia era lo que prefería si así podía elegir la discontinua y ambigua fracción que NADIE ofrece.
Y con ello llegó a una decisión, no clara, pero sí definitiva: Podría empeñarse en generalizar el vacío hasta llegar a la ataraxia más desolada, donde el vicio de la soledad nos relega a una especie de independencia anhelada, a una completa soltería en todos los sentidos.
Pero para ella tener la autonomía de la vida era algo demasiado agónico si no tenía al final a alguien con quien compartirla.


Y por muy lejos que estés, NUNCA dejaré que NADA nos convierta en NADIE.






Para Ajla. "Happiness only real when shared" (Into the wild)










miércoles, 6 de agosto de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 9: Maël

Cuando todo ocurrió, ambos sabían que tenía fecha de caducidad y que los límites que acotan el mundo no les darían más que unas gotas para aprovechar el frenesí del principio, y que no tendrían tiempo para girar sobre sí mismos y agotarse el uno al otro.
El bienestar de una mirada, la satisfacción de una risa o la calma provocada por un olor era lo expresamente necesario para que pudieran sentirse satisfechos.
Fueron meses de mañanas interminables con canciones de Edith Piaf y largas noches humedecidas al calor de volver de cualquier antro inglés.

Pero cuando el amor se afinca en el vocabulario es cuando la vulnerabilidad acecha.

Y así fue como “los monstruos de la razón” atacaron de nuevo la carne desprotegida por la creencia de que la felicidad la mantenía fuera de peligro.
Ella fue encerrándose cada vez más en aquella jaula de barrotes empapelados, sin luz que encendiera la fuerza de salir.
Él fue desapareciendo, poco a poco, en el aura de optimismo que siempre le había caracterizado, ocultándose en sus recuerdos y flotando en la ingravidez del tiempo que no mucho después les hubiera condenado al olvido.

Y aquello la consumió.

El final llegó con forma de río, la arrastró hacia el fondo hundiéndola en su decepción y dándole como único grito de socorro un ahogado “I can't”. Pero antes de que su flequillo fuera arrastrado por la corriente, él la cogió de los hombros, le secó la espalda y le inspiró el oxígeno que nunca había dejado de darle.
Y aunque ella había infravalorado la calidad del positivismo de Robin, gracias al abrazo que éste le dio en la orilla del miedo supo que algún día correría por sus venas ese poder de evitar regalarle a la amnesia la plenitud de una de sus escasas sonrisas.






“You have been in every way all that anyone could be. […] Everything has gone from
me but the certainty of you goodness” (V.Woolf)