lunes, 5 de septiembre de 2011

Buscando la rana con forma de Democracia

“¡Escucha, mundo, las voces de quienes te esculpen a bocanadas de amor!”

Os lo dije, os lo dije una sola vez. Y ausente pasó desapercibida no más de dos horas en un buzón de Correos. Y la hicisteis añicos sin saber que todo empezaba con una exclamación.

Me cercioré a pensar que seguíamos siendo los mismos analfabetos de siempre y sentí la gran pena de que nunca fuésemos capaces de oír ese grito más allá de nuestros sucios pabellones auditivos.

Pasaron semanas desde que mi insignificante pegatina fue arrancada y entonces, con kilómetros separándolos, totalmente ajenos a ello, gente indistintamente fue comprendiendo el significado de esa oración sin ni siquiera haberla leído ni una sola vez.

Sintiendo el deja vu de esas palabruchas tan retóricas que me había inventado, presencié el despertar de una siesta que nos tenía drogados desde aquella vaguedad que nos dijeron que era… que era… ah, sí, perdón; Democracia.

Brotaron las acampadas y mis ilusiones más colectivas, pero nada me ayudó a parar el incipiente desdén.

Nunca participé activamente, siempre me amodorraba estando allí, incluso llegué a enfadarme con situaciones que consideré como la moda del momento:
“es el 15-M ahora lo que se lleva tía”.

Tras días de escepticismo y de una profunda hondura de miedo, sentía que a pesar de no callar, la boca del pueblo seguía precintada y allí, en la tan encantadora Salamanca, la revolución se centraba en los colores de las pegatinas o en hacer más o menos caso a las decisiones que se tomaban en el núcleo del utópico amanecer.

Pasé a ser la indignada por los indignados, y eso me dolía tanto o más que ver cómo los lemas más esperanzadores entraban por el oído de unos y salían por el de otros. Reconocí mi absoluta ignorancia y mis pensamientos barojianos:
”La abstención y la contemplación de todo o la acción limitándose a un círculo pequeño”… estaba escrito en mi retina.

Pero decidí huir, decidí tanto dejar de mirar como dejar de implicarme indirectamente.

Y comencé a hacer lo que todos los que nunca prestaron la mínima atención, los que no entendían o los que se desarraigaron como yo deberíamos haber hecho: Informarnos.

Así poco a poco, siguiendo cada paso de cerca, comienzo a mantener unida a cada estallido de voz que se da en esta lucha de paz, un atisbo de esperanza; ese que me hace llorar y ensalzar mi corazón henchido cada vez que suena la canción del pueblo.

He pasado por tres fases: el ánimo idílico, la pasividad ingrata y finalmente, y con suerte, la actuación coherente; y me enorgullezco.

He podido volver a frotarme los ojos que nunca debí volver a cerrar y a agitar las manos como símbolo de la conciencia que jamás debemos perder.

Y ese sol, que ahora nos pica y que mantuvimos por toda la geografía como microciudades, va a salir todos los días. Sin rendición, sin que nos rindamos.

“El partido que podría ser tendría 3 p: Plaza Pueblo y Palabra”
José Luis Sampedro










Segunda aportación de aqui servidora para el fanzine ATIUSTE #2:15-M

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