No sé cómo no me dí cuenta; el caso es que cuando me levanté estaba totalmente aturdida y al salir a la calle el aire me salpicaba palabras en la cara. Había estado por lo menos cuatro horas sin levantar la vista del papel, haciéndome a la idea de intentar superarme a mí misma como una ilusa. Volví a entrar a la biblioteca todavía con el aplomo de estudiar en las sienes, y allí, de repente, como si fuera lo más normal del mundo, estaba.
A medida que levantó las cejas se activaron mis terminaciones nerviosas, y antes de que pudiera escapar sus pupilas se filtraron dentro de mi estado inexplorable e incontrolable entre el cansancio y la estupefacta excitación.
Lo que viene siendo un saludo cordial a vista ajena, para mí era notar cómo se me clavaban los huesos en la nuca mientras miraba sus labios pronunciar un ordinario "no te había reconocido". Contestando una parrafada medianamente coherente que retumbaba en mis oídos como los balbuceos de una troglodita, avancé para volver a la cúpula de aislamiento que me había formado en torno a mis apuntes, siendo por fin consciente de que en la misma mesa durante todo ese tiempo, este ser al que tantas veces había intentado hacer que retornara había estado ahí.
Me pregunté entonces "¿estamos sentados juntos?".
Y me respondo ahora "¿Sentados?. Sí. ¿Juntos?...Juntos es una palabra incompatible con la semántica que podemos compartir".
No hay comentarios:
Publicar un comentario