Destellos de ceguera me enmudecen
y te ríes de mis pérdidas sensitivas,
cuando tú estás más sordo que un escéptico
y no oyes que mis sienes latentes te están pidiendo una corona de flores.
y te ríes de mis pérdidas sensitivas,
cuando tú estás más sordo que un escéptico
y no oyes que mis sienes latentes te están pidiendo una corona de flores.
De esas que pretendes oler cada día sin llegar a embriagarte los pulmones.
Pero están llenos, a rebosar, del aroma que me salpicó las corvas.
Siempre quise estar besada por el fuego.
Ahora renazco en fénix cada vez que mezclamos las miradas en un brindis de dientes, yemas y nucas.
No existe acotación temporal que pueda reclamar el ansia que recae sobre mi vientre cuando toco
tu respiración.
Y ya sé que no me dejas abarcar nada más,
pero me basta para que el pecho me bombee a ritmo de soplos.
Exhala, suspira, agota hasta el último aliento.
Que la hoguera no se apague antes de que podamos saltarla.
[Anilla. Barcelona. Nit de Sant Joan 2015]

1 comentario:
Al leer esto, mi primera reacción fue la de querer comentarte algo. Me sale instintivamente. Cuando leo a alguien y lo entiendo, o aprecio lo que ha hecho, busco extender mis dedos y llegar a esa persona. Decirle "Soy consciente de tu existencia, y la valoro. Me siento feliz de que estés aquí".
Entonces, al leerte, me apetece llegar hasta ti, comunicarme contigo, aunque sea en forma de comentario absurdo. Retroalimentación.
No como obligación, sino como necesidad que nace directamente de algún sitio.
Pero después de la primera reacción, me invadió una sensación desagradable: este texto es ajeno a mí, ajeno a mi relación contigo. Es agua pasada que aún salpica tu presente; por lo tanto, no se puede tratar aún como agua pasada del todo.
Sentí, entonces, "¿Qué derecho tengo yo a comentar en esto?". Como inmiscuyéndome en tus recuerdos, hasta en la sopa, pensarás, profanando algo sagrado sin relación conmigo.
Leerte me dan ganas de escribirte, de estar contigo. Pero entiendo que he de dejar un espacio en los momentos necesarios.
He decidido al final comentar, unas palabras torpes y de resaca, pensando que esta misma expresión de lo que siento es razón suficiente para escribirte.
Extender mis dedos e intentar alcanzarte, en la distancia.
Nota aparte: En 2016 escribes menos. Muy mal. Aunque se me acumulará más trabajo, pero en fin. Que no lo dejes.
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