domingo, 22 de mayo de 2011

Autobiogradía. Tercera parte: Hierba mojada

-22:00

Una timidez pasea ataviada en pijama, con olor a loción de bebé y el pelo humedecido de vapor de agua, por el suelo polvoriento del rincón más pequeño de la ciudad más despierta.
La música la persigue. Con ojos despavoridos, busca algún reto antes de decidir si tomar la calle en busca de distintos aromas o si prefiere un final digno de la épica antigua entre sábanas y almohada.

Cuanto más cae el telón estrellado, más cae su misticismo, su ambigüedad. Llegar al epicentro de este cuerpo significa agitar cada uno de sus engranajes. Entonces, el terremoto comienza...

-24:00

Respiraciones cada vez más anhelantes. Las falanges se mueven, como si traspasaran de un lado a otro los hilos que resumen las consecuencias de su jornada tripartita.
Cada vez más temblores. La sumisión busca palabras para llenar carretillas, semánticas de amor y fugitivas de la incertidumbre.

Ni el trabajo más preciso del cirujano más efectivo se puede comparar con la dificultad de amainar la fuerza incansable de los miedos de este pobre organismo, fracasado y desesperado.

-02:00

Entonces, la naturaleza, sublime y angustiada, se agota, se adormece.
Entonces, la calma reina.
Se encoge, y con las sienes cubiertas de un cansancio intangible, descansa sobre el regazo de la esperanza que nunca soltó, ni cuando su cuerpo parecía una simbiosis de todas las catástrofes atmosféricas del mundo.

Y reposa inconscientemente bajo un cielo que se abre al amanecer... donde la rutina de los hechos volverá a atacar disfrazada, siendo un giro de 360 grados. Siendo la irremediable autobiogradía.











3 comentarios:

Pablowski dijo...

Y ese sexto sentido que me hace saber cuándo actualizas, y esa felicidad de que, después de tanto tiempo, lo hayas hecho.

Anónimo dijo...

Me dejas sin palabras :$$

Alejandro Bena dijo...

Me encantan las autobiogradías