Imagina la catástrofe absoluta: el momento en que la Tierra explote.
Las estrellas se nos caerán encima como puntas de alfiler lanzadas con las raíces de los árboles.
El sabor a arena aplacará nuestros sentidos.
Bajo nuestros pies bucearán los pájaros y sobre nuestras cabezas volará el miedo, aplastando nuestros pulmones sin dejar más aliento que una esperanza que ya no volverá.
Todo el epicentro ardiente saltará con la facilidad de las gotas de agua, donde la lava se unirá con el océano, y nada los acallará.
El rumor del desastre no dejará oír el mito de que la tierra llora.
Los gritos se quedarán en el interior de los ríos, esparcidos en el vacío.
El corazón de quien nos engendró dejará de latir.
Y ya nadie se preocupará por nosotros.
.....
Ahora puedes imaginar qué es lo que siento cuando, en una décima de segundo, nuestras miradas se entrecruzan.
Y ya tus ojos no se preocupan por los míos.
1 comentario:
Tus sentimientos son tan ilusorios como la causa que los crea, un atributo que demuestra tu condición humana. Si las palabras pudieran abrazarse y las miradas acariciaran a aquel que se atreviera a recibirlas, muchos nos ahorraríamos esos simulacros mentales catastrófistas que, queramos o no, siempre alguien nos proporcionará.
Molas.
G.
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