Nadar
Me encuentro ante una linea totalmente horizontal, que se desplaza desde mi retina hasta el corte que la superficie forma cuando encuentra un obstáculo y ya no tiene hacia dónde desplazarse.
Hundo mi nariz, aspirando el oxígeno que no es compatible para mis pulmones.
Quiero controlar el agua, así que la huelo, y disfruto de la humedad en mi pelo; y la acaricio, y siento el frescor de la piedra.
Necesito cerciorarme de que mis propósitos no corren peligro.
Me coloco unas cintas, en los pies. Unas fundas con pesas. Una en cada tobillo.
Me impulso y me disparo.
El momento de salida es totalmente decisivo para la velocidad que voy a tomar y, a partir de ahí, centro el ejercicio en idas y venidas de movimientos de brazos y de piernas que luchan por no ser arrastrados hasta el fondo por los lastres que llevo como prótesis.
Voy, choco, paro, empujo.
Voy, choco, paro, empujo.
Voy, choco, paro, empujo.
Agarrándome a las ondas que el agua me proporciona voy avanzando y retrocediendo con la sensación de hundirme atada a los talones.
Y sigo, sigo, sigo...hasta que ya no quedan olas ni horas que mi cuerpo sea capaz de crear.
Boca arriba, me desato las pesas y me mojo la cabeza, las orejas, la nuca.
Y ahí me quedo, suspendida por el agua en calma que horas antes estuve azuzando y que ahora chasca besos en mis sienes.
Y mi rostro se queda intacto, sintiendo la tranquilidad pospuesta al desorden.
Vivir
Me encuentro ante una linea totalmente horizontal....y vertical...y espiral; que se desplaza desde mi retina hasta el corte donde me llega la vista, pese a que la superficie no haya encontrado ningún obstáculo que le impida poder desplazarse.
Hundo mi nariz, aspirando el oxígeno que es compatible para los pulmones, aunque no para los míos. Bocanadas de aire como un intento desesperado por controlar la vida.
Pero la huelo y no soporto su olor; la acaricio y magulla mis manos.
Necesita cerciorase de que mis propósitos corren peligro.
Me coloco unas cintas, en el corazón. Unas fundas con pesas. Una en cada ventrículo.
Me impulso y me disparo.
El momento de salida es totalmente decisivo para las decisiones que voy a tomar y, a partir de ahí, centro el movimiento en idas y venidas de ejercicios de cuerpo y de alma que luchan por no ser arrastrados hasta el fondo por los lastres que llevo como prótesis.
Voy, choco, paro, empujo.
Voy, choco, paro, empujo.
Voy, choco, paro, empujo.
Agarrándome a los deseos que la vida me proporciona voy avanzando y retrocediendo con la sensación de hundirme atada al pecho.
Y sigo, sigo, sigo... hasta que ya no quedan fuerzas ni horas que mi cuerpo sea capaz de soportar.
Boca arriba me humedezco los ojos, la boca, la nuca.
Y ahí me quedo, suspendida por la vida turbada que años antes estuve azuzando y que ahora chasca besos en mis sienes.
Y mi rostro se queda intacto, sintiendo la pureza pospuesta a la tranquilidad.
Y no me desato. Nunca.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir...
(Jorge Manrique)
No hay comentarios:
Publicar un comentario