sábado, 20 de octubre de 2012

La película de las 03:00 AM

Llegué a aquel lugar sin más expectativas que un par de recomendaciones y ganas de evadirme. No sabía si me iba a gustar o no lo que iba a ver, y quizás ni siquiera sentía curiosidad; pero estaba solo y no tenía nada mejor que hacer.

Aquella chica me acompañó hasta ese edificio donde me pidió que tomara asiento en una sala poco iluminada. No era capaz de imaginar ni lo más mínimo lo que estaba a punto de acontecerme.
La habitación poco a poco se quedó en penumbra.

Me dediqué a pensar en todo lo que me habían hablado sobre ella y lo poco que sabía a la vez, y aquella ignorancia se mezcló con mi impaciencia al no oírla llegar y que el proyector no empezara a funcionar.

Por fin, apareció a mi lado.

Y entonces, comenzó la película:

Las imágenes brillaban por su austeridad; limitándose a una escala de luces rojas y sombras que brincaban desde sus manos hasta los vértices de mis hombros.

La pantalla se quedaba en blanco sin más relieve que el del rastro que mis dedos dejaban en su espalda.

Los protagonistas, sus ojos, entrecerrados, verdes, vidriosos, entraban a escena dispuestos a cautivar al espectador en 130 minutos con forma de 130 miradas incesantes.

La banda sonora se componía de una melodía de suspiros que armonizaban con risas agudas.

Su cuerpo se convirtió en el argumento, donde el punto álgido de la trama apareció cuando yo me fundí en nuestro espectáculo como único director.

El desenlace acabó con el contacto de sus piernas al caer temblorosas.

Acariciar su costado inerte resumió los créditos finales.






-Aportación para el fanzine Atiuste #5: Cine

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