No queda ninguna salida. No hay ganas de seguir. No hay manera de soportarlo.
Tiemblo, siempre estoy temblando, y siempre ese desasosiego en el epicentro de mi cuerpo que hace que mi voz sea tan aguda. Me concentro en los puntos donde me activo, intento relajarme.
Pienso en el agua. Los brazos sumergidos, acariciando el estado natural que me rodea.
Agua, agua, agua.
No sirve de nada. Estoy expulsando constantemente ese líquido por mis propios ojos. No puedo recordarla, no me queda ni una gota en mi interior, toda ella surca mi cara y ahoga mi lengua.
No puedo vivir, pero tampoco puedo acabar con mi vida.
Lo único que soy capaz de hacer es creerme que todo va a empezar a ir bien si tomo la decisión de que desaparezcas de mí.
Necesito que me dejes.
Desintegrar una relación nunca había sido tan complicado, sobre todo si existe en un único organismo.
Por favor, Mente, olvídame.
Soy Corazón que a cada pulsación que doy a tu antojo sufro una contracción que me empequeñece cada vez más.
Y necesito ser libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario