“Que la vida iba en serio uno lo
empieza a comprender más tarde”.
Pero que el cambio era inevitable puede
que nunca lo llegue a estimar.
Me quitas el hambre para devolvérmela en resoplidos,
y espero a que sean tus manos las que
tapen mis encías cuando evito, conscientemente, sonreír(te).
Mantengo la vergüenza de abrir un
libro desnuda,
y no por cómo lo hago sino porque me
ofrezcas algo nuevo.
Algo.
Nuevo.
Podemos constatar que no nos queda de
este tiempo inmaterial para culminar este disparate, esta
incertidumbre, este caos corrupto que me roba mordiscos.
Así que me voy.
Pero me voy
con sólo suplicarte que tú también
lo hagas.
Me voy.
Me voy.
Me voy.
Y tú vete,
conmigo.
Pero vuelve. Que no quiero que dejemos
de
irnos.
2 comentarios:
Increible similitud
"El último verano de nuestra juventud"... ;)
PD: Escribes muy bien.
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