Todo se me ha quedado atrancado tras las bisagras de tu boca.
No he reconocido la inminencia de tu cercanía hasta que mi palidez ha palpitado con cada golpe de tu voz.
Y fluye la falta de aire por mis piernas en los húmedos resquicios de tu saliva.
De tu suave, dulce e inflamable saliva.
El parte meteorológico de mis ojos dice que pronto amaneceré reflejada en gama de grises.
Pero aún son luces epilépticas las que te iluminan en mis dedos.
Y es en mis dedos donde leo la incertidumbre, la incongruencia:
cómo has dado lugar a que las tiránicas exigencias de mi mente,
que me impiden sentir que algo forma parte de mí,
me hayan obsequiado con poder ser algo que forma parte de ti.
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La duda siempre me sajó las entrañas.
Ahora me hace el amor a ritmo de susurros que saben a flores.
-Y me encanta(s)-
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