Yo soy buena.
Soy tierna, desde las raíces del pelo hasta las puntas de los dedos,
por las que apenas puedo alcanzar todo lo que quiero.
Hay piel, hay hueso, pero no es suficiente.
Pero seré más tierna, más suave. Seré más.
Soy complaciente, por cada cosa que me piden, o que no;
por cada negación a la que tengo que adorar,
por cada insulto, por cada humillación, por cada vez que me crea algo.
Pero me creeré menos. Creeré más.
Soy dulce, y a mis besos le preceden los párpados apretados,
con el ansia tenue, con el flequillo por delante, y los labios pidiendo.
Pero pediré menos. Esperaré más.
Soy cariñosa. Una proyección de estar llena de amor.
Aunque esté vacía,
por desparramarlo todo.
-Pero quédate algo-.
Daré más.
La calle está llena de briznas de cariño.
Soy autodestructiva.
Cuando dejo de leer,
y de escuchar,
y de recordar.
Cuando busco
sin encontrar.
Cuando aspiro
sin oler.
Cuando abrazo
con las piernas.
Cuando grito
con la mirada.
Libre
de mí,
y cautiva
de mí.
Y ya no soy tierna,
ni soy complaciente,
ni dulce,
ni cariñosa.
Para reconocer que yo no soy buena.
Que yo no soy esa. No soy esa.
No soy.
A veces morimos por una brizna de cariño.
No hay comentarios:
Publicar un comentario