Una niña que planeó fugarse de casa con una amiga, pero que fue la única que tuvo valor para hacerlo.
Una niña de cuento, de esas que pueden vivir todo tipo de aventuras, de esas que hacen magia con los ojos.
Pero la Bubún tenía que crecer, pues ya se sabe que ni el mismísimo Peter Pan vive en la infancia eternamente.
Así que la Bubún creció, de niña a mujer.
Y entonces empezó a gritar, porque sabe cantar y su risa es capaz de destruir a todas las brujas.
Y planea fugarse de casa sola, para conquistar el Amazonas, volar en bici por el desierto y dormir tapada de estrellas.
Y las aventuras y la magia descansan en una maleta transformadas en recuerdos que no tienen fecha de caducidad.
Pero la Bubún aún tenía que crecer más, porque el cuento se convirtió en batalla.
Así que la Bubún creció, de mujer a heroína,
con el pelo tan largo como los ríos que navegaría,
y el corazón tan grande como el océano que cruzaría.
Fuerte, hermosa y única.
Y nosotras, aunque estamos lejos, y aunque también somos unas amigas que no la acompañaron a fugarse de casa, esperamos su regreso.
Para que nos cuente sus cuentos, para que nos hable de todas las batallas ganadas, y, sobre todo, para volver a sentirla crecer.
Para Cami. Y para todas.
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