Son los números con puntos y comas un sinsentido y malherido
olvido para las habitantes del subsuelo de mis costillas.
Extremadamente exhaustas, buscarán la empatía en pantallas y
respuestas en las cunetas.
Porque la memoria es un paredón con sangre seca de coraje,
con pelos desraizados y una atmósfera que entra en los pulmones gris, plomiza,
deshonesta.
Increíblemente ignífugas, se darán de hostias para que se me
recoloque todo el pasado,
y así el futuro será más expugnable, con poemas radiantes y comida a domicilio.
y así el futuro será más expugnable, con poemas radiantes y comida a domicilio.
Porque leen que dónde estarán dentro de unos años,
y el
idealismo es una metralla que estalla en perdón.
Hay rabia, cansancio, pena, compasión. Ilusión. Son
demasiadas,
más niñas que antes,
participando en esta guerra contra el tiempo y
la distancia.
Qué suerte que todas sean del mismo bando, que todas se estremezcan
al escuchar Opera House, con los ojos
cerrados en el Palacio de la Música.
Volviendo.
Vamos ya, al mismo lugar. La huida y el refugio son la misma
maqueta.
Volviendo. Ya no esperamos.
10.034,49 kilómetros.
Son los números con puntos y comas evaporados en un día
soñando por encima de los continentes, por encima del dolor.
Que duele, pero no pasa nada.
«Te quiero, porque
apareciste».
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