miércoles, 25 de marzo de 2020

«Si escribo una novela de chicas millenials alicaídas pero satíricas, pondré que siempre te tenía que pedir que me liaras un piti a la hora del cortao».


No paramos de hablar y escudarnos en que la vida que tenemos ahora, en los veinte, los pretreinta, el periodo de entreguerras postuniversidad y becariados y trabajo de sueldo medio alto para unos, bajo para todos (entreguerras es esperanzador) se acuesta y mueve en la inmediatez. Lo quiero todo ya, pero no quiero ser como todo el mundo que lo quiere todo ya. Me siento una majadera.

Todo me perturba y me lo exploto como una espinilla menstrual que me hace sentirme joven y asquerosa, por tener una piel púber, pero a la edad que me parió mi madre.

Voy pedaleando en el carril hasta los topes de patinetes con jinetes en traje y me hago una lista mental de la cantidad de nimiedades que me inyectan polución emocional. Que me rallan. Que me rayan. Nunca lo sé.

-Los pelitos de la barbilla tiesos como una estaca, los enquistados en las cejas, las cuatro canas que no se tapan con el tinte, las ojeras que Oliva soluciona con pinchazos de ácido hialurónico cuando cobremos el plus (¿qué plus?).

-Fumar, habiendo empezado hace un año. Que no me apetece, pero sí, y con cada cigarro me imagino minipartículas amarillo cagueta tintando mis dientes y una especie de monstruo coronaviral colonizando mis pulmones. Y entonces voy al médico, mucho. Y digo que no fumo, casi que no.

-No quiero conocer a más gente, pero si se van todos en el fin de semana soy un tigre metido en un zoo. Y tú ya no estás. O sí. O solo a veces. Y duele, muchísimo. Muchísimo.

-Los libros que no me leo, todos los libros que quiero comprarme para no tener tiempo para leer, para no poder recomendar, influenciada por lo que leen otros. Pensando en que no me caben más en las dos tristes baldas de mi habitación, pero el ochenta por ciento de ellos están sin estrenar. Pienso en aquella frase: «Me gusta la cerveza y hablar de libros que no he leído». (Te lo has leído todo. Me has leído hasta a mí. Para bien, y para mal).

-Porque trabajo leyendo cosas que no me interesan, ni a mí ni a nadie. Leyendo mientras me aprendo las canciones de Cigarrettes After Sex que luego no cantaré en el concierto porque no iré. Poco leo, poco me aprendo.

-El curso de chino sin ir a clase, el curso de veterinaria para creer en otra oportunidad laboral que quizá me haga más feliz («poder leer lo que me dé la gana y vacunar perretes»), las clases de pole después de tres años en las que solo voy a pasármelo bien, porque no me frustra nada parecer un chorizo; el curso de ukelele nunca empezado y la falta de agilidad en los dedos, el curso de costura abandonado para remendar un botón, el curso de canto con afonía pitillera e ínfulas de corista de verbena. Dos carreras, dos másteres, dos mil cursos. Papá, tengo titulitis, ¿eso también viene de que somatizo la ansiedad?

-El sexo. Fantasear constantemente. Constantemente. Tener que tensar el cuerpo muchísimo y no poder moverme apenas hasta el ataque de asma para poder correrme y tener vergüenza de me quedo demasiado quieta. Cansar. Fantasear constantemente. Y desearlo, hasta la vergüenza. Constantemente. Contigo.

-La lejanía de casa, el aburrimiento en casa, la morriña y el hastío. La envidia de la estabilidad y el miedo a la monotonía. A caballo desde 2009, sin tener ni puta idea de qué querer.

El pánico al paso del tiempo, y el pánico a la inmediatez. El pánico a que pasen los días en mis padres sin verlos, a que pasen los días en el trabajo medidos por proyectos y no por motivación, a que pasen los días de mi vida sin ti. De mi vida sin mí.

Soy una pretenciosa.




Y Jorge dice que nos montemos una librería-panadería-porlanocheclubdelsexo, o que plantemos marihuana en un convento en Soria. Los martes y/o los jueves de 19 a 21 es el programa de disertaciones sobre la búsqueda del éxito (éxito como estabilidad más que como ascenso) del grupo de cuatro amigos que vivimos en el barrio. Vivir con uno, trabajar con el otro, poco nos podemos contar ya. Pero qué bueno está el hummus, el fuet y las dos botellas de vino que nos cascamos. 
Y la risa, hostia, la risa esa inmediata, como cuando ves un meme de Bisbaldoingthings.

Y ni tan mal.




[[Preocupaciones a.d.C (antes del confinamiento)]]

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