viernes, 4 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 1: Gala

Le decían constantemente que no podía evitar las recaídas, y que no importaba que tuviera que depender de pequeñas dosis químicas para acercarse a la felicidad. Era una felicidad artificial pero, a decir verdad, ¿podría ser algo más que una mera consecuencia de varios elementos artificiosos superpuestos? Ella por lo menos podía explorar los colores de aquello que le proporcionaba “bienestar”. Pero a pesar de aquella actitud pragmática y natural, el tener que tomar pastillas para no ver cómo su rostro se deshacía frente al espejo le resultaba innecesario. Cuando las sentía sobre la lengua, saboreaba la asfixia necesaria para la tranquilidad ajena.
La desconexión de sus preocupaciones.
Desde que veía la misma caja todas las mañanas los estímulos para posicionarse sobre el papel se habían esfumado, y las ficciones-realidades que residían en su interior sólo aparecían de noche, durante el sueño cada vez más eterno. Le habían cambiado la medicación: Ahora eran los antidepresivos los que intentaban alcanzar lo que la escritura ya no conseguía curar. Se había hecho inmune a las palabras.
Toda ella se repartía en otro cuerpo, al igual que todo aquel otro organismo se extendía en ella de forma recíproca. Ambos caminaban por la misma senda de incertidumbre, y ese otro cuerpo cuyo nombre era Mireya tenía la respuesta (que no la solución) para aquel sufrimiento compartido y único:
Sentimos la vida más que el resto.





(A mi hermana-osa-polar)

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