domingo, 20 de julio de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 8: Javier


Ella era inválida a las caricias. Cada vez que alguien le intentaba abrazar, sentía que el viento era lo que rodeaba su cuerpo y que toda la sensibilidad que el ser humano tiene al tacto se había evaporado. A pesar de que siempre estaba fría, pálida y con ojeras, sabía que no había desaparecido de entre los vivos por aquella emoción previa al contacto.
Y es que, cuando pausadamente sus dedos se aproximaban, cada vez más cerca, a una piel, podía ver, oler, oír y saborear el aura previa a la epidermis, esa estructura intangible que exhuma vida.
Sin embargo, cuando creía poder tocar, todo se difuminaba, y sus manos se quedaban llenas de la piedad esquiva por intentar perpetrar lo imposible.

Él tenía que mantener el fuego, y ello le llevaba a vivir bajo la responsabilidad de controlar la furia del calor. Pero a veces, sin remedio, las llamas extraían de lo más profundo de sus entrañas la violencia encerrada como rehén de su propia protección. Las consecuencias de la extirpación de su ardiente agonía no eran más que una muestra de su falta de vitalidad, de su sentimiento de ser una presencia opaca entre la humanidad viviente que le rodeaba. Sin embargo, aquella expulsión de brutalidad era lo que le hacía sentir aquel acto ordinario y automático que apenas comprendía: existir.
Y sin quererlo, puesto que ese verbo era incompatible con sus cuerpos, aquellos dos pacientes del síndrome del parcialmente muerto se dieron cuenta el uno del otro, de sus carnes desolladas y vacías.
Ella, con la sequedad de sus labios, planteó la acción de subir sus comisuras y mostrar sus dientes devoradores de aullidos de dolor.
Él, con sus ojos oscuros, la observó introduciéndola en la profundidad de la negrura sin brillo de su mirada, portadora del miedo que la alimentaba.
Eres suave”, dijo él. “Y tú estás frío”, dijo ella.
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Y la vida siguió ,alargándose y cortándose. Pero a ellos ya no les interesó más intentar aferrarse a aquel hilo que nunca les había configurado.

Porque cuando los “no-muertos” se besan se da lugar un intercambio de hiperestesia tan abrumador y potente que consiguen que sentir se convierta en la necesidad más innecesaria para lograr perecer en el mundo con una inexplicable felicidad absoluta.





We are undead and we must to be proud of it

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