Ella
era inválida a las caricias. Cada vez que alguien le intentaba
abrazar, sentía que el viento era lo que rodeaba su cuerpo y que
toda la sensibilidad que el ser humano tiene al tacto se había
evaporado. A pesar de que siempre estaba fría, pálida y con ojeras,
sabía que no había desaparecido de entre los vivos por aquella
emoción previa al contacto.
Y
es que, cuando pausadamente sus dedos se aproximaban, cada vez más
cerca, a una piel, podía ver, oler, oír y saborear el aura previa a
la epidermis, esa estructura intangible que exhuma vida.
Sin
embargo, cuando creía poder tocar, todo se difuminaba, y sus manos
se quedaban llenas de la piedad esquiva por intentar perpetrar lo
imposible.
Él
tenía que mantener el fuego, y ello le llevaba a vivir bajo
la responsabilidad de controlar la furia del calor. Pero a veces, sin
remedio, las llamas extraían de lo más profundo de sus entrañas la
violencia encerrada como rehén de su propia protección. Las
consecuencias de la extirpación de su ardiente agonía no eran más
que una muestra de su falta de vitalidad, de su sentimiento de ser
una presencia opaca entre la humanidad viviente que le rodeaba. Sin
embargo, aquella expulsión de brutalidad era lo que le hacía sentir
aquel acto ordinario y automático que apenas comprendía: existir.
Y sin
quererlo, puesto que ese verbo era incompatible con sus cuerpos,
aquellos dos pacientes del síndrome del parcialmente muerto
se dieron cuenta el uno del otro, de sus carnes desolladas y vacías.
Ella,
con la sequedad de sus labios, planteó la acción de subir sus
comisuras y mostrar sus dientes devoradores de aullidos de dolor.
Él,
con sus ojos oscuros, la observó introduciéndola en la profundidad
de la negrura sin brillo de su mirada, portadora del miedo que la
alimentaba.
“Eres
suave”, dijo él. “Y tú estás frío”, dijo ella.
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Y
la vida siguió ,alargándose y cortándose. Pero a ellos ya no les
interesó más intentar aferrarse a aquel hilo que nunca les había
configurado.
Porque
cuando los “no-muertos” se besan se da lugar un intercambio de
hiperestesia tan abrumador y potente que consiguen que sentir se
convierta en la necesidad más innecesaria para lograr perecer en el
mundo con una inexplicable felicidad absoluta.
We are undead and we must to be proud of it

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