“Quiero estar dentro de ti”,me decía, acariciándome los hombros,
haciendo que mis piernas se entreabrieran solas muy despacio.
Muy despacio.
Muy despacio.
Los temblores entumecían mis muslos.
-Los temblores humedecían mis muslos-.
“... estar dentro de ti” se colaba por mis oídos y retumbaba en mi garganta a golpe de gemido.
Era como si jugásemos a repetir lo que uno decía al otro, solo que mi respuesta paralela se construía en un idioma carente de palabras.
Una reacción causa-efecto de irremediable reciprocidad, de correspondencia sellada con un mordisco.
“...dentro de ti” eran todas las catástrofes atmosféricas.
Era llenarme los pulmones de huracanes,
eran mis venas derramadas dejando mis mejillas desbordadas de color rojo,
era mi pulso agitado por los seísmos de su cuerpo, por fin,
dentro de mi.
El rayo se proyectaba en mi columna,
y todas las sensaciones internas rebosaban de forma externa.
Y me quemaba, deshaciéndome en las innumerables chispas que desde el cielo no me atacaban,
sino que me elevaban consigo.
Y yo le llevaba conmigo.
Volvíamos a la Tierra,
también llamada cama, suelo, o cualquier superficie donde reposábamos nuestra respiración,
también llamada cama, suelo, o cualquier superficie donde reposábamos nuestra respiración,
ya fuera de mí.
Aunque él ya estaba dentro antes de que me lo pidiese,
y no saldría ni aunque me/se lo suplicase.
Aunque él ya estaba dentro antes de que me lo pidiese,
y no saldría ni aunque me/se lo suplicase.
1 comentario:
Sentirse en casa en cualquier lugar siendo nómada de tu regazo. A gustico. Que te tengas que ir a trabajar y yo me regodee en los últimos instantes, reposando la cabeza a tu alrededor. Sintiéndome como un cachorro retozando en la madriguera.
Luego ya te vas y no es lo mismo. Sin ti la cama es ancha, es fría, más dura y más estéril. Y contigo, un trozo de suelo en el que se funda un universo entero. A gustico.
Sentirse en casa en cualquier cama, siendo nómada de tu regazo.
Que te tengas que ir de mi lado y yo me regodee en los últimos instantes, reposando la cabeza en mi propia tristeza.
Esa que has visto.
Publicar un comentario