lunes, 19 de noviembre de 2018

Milagros

¿Negar la evidencia,
o ev
idenciar la negación?


Hace tanto que no nos conocemos
que me daba pavor empezar a hacerlo.
Era más fácil así. 
Con el sí. 
Si-
empre sí.
Hace tanto que te pedí
que no me he dado cuenta de que me faltaba una “r”.
Es que yo siempre era plata, y eso es casi ganar. Casi.
Sí.

Me he puesto a leerte,
egoístamente buscándome en lugar de empáticamente encontrándote.
No había nada de esas posibilidades.
Ese tú me es extraño
y esa yo no te existe.

Quise ser la única luna que te tocase cuando vas en bicicleta.
Luna de plata. Sabes que soy muy lorquiana.
Pero entre tu noche y la mía hay 7 horas de diferencia.
Y encima, allí, no se ve el cielo. Ni cuando se nos cayó encima.
Quise tu anillo, tu semilla, tu día a día. 
Que vivieses bajo mi nombre y que murieses bajo mis frutas.
¿No querías estar rodeado de árboles?
Es pronto, ya lo sé. Perdona.


Perdóname. Qué inconsciente y exigente.
Mejor complaciente. Mejor así. 
Si es que hablando se entiende la gente,
y tú manejas muchísimos idiomas,
pero el más importante lo has dejado en abandono.


“Para lograr la mayor fluidez, uno ha de estar en contacto directo y constante con la lengua.”

Pues imagínate con el amor.



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