lunes, 28 de enero de 2019

II. Consumir preferentemente antes de: ver lote

Las manifestaciones son para reivindicar
pero yo me he apropiado de tu cuarto porque soy una caprichosa.
Y me puedes echar cuando quieras, pero no lo hagas dándome una paliza,
porque entonces será más difícil que me vaya.
Tan difícil como devolverme mis libros, cambiar las sábanas y encontrar las lentillas.

Y encontrar la ropa.

Aquí no hay movimiento social, sino movimiento de piernas.
Aquí la implicación parece ser que no tiene límites.
Parece, hasta que me lo has preguntado. Hasta que he sido incapaz de responder nada;
hasta que has sido capaz de decirme tanto.

¿Hasta cuándo?
¿Hasta dónde?
¿Hasta qué?

Si ya nos ha estallado todo en la cara,
y estoy empapada de tus manos,
y estás arañado de mis besos.
Que te toco y tengo que morderme la lengua y sangrar
porque no me freno,
que estaría todo el día mirándote,
que estaría todo el día dejando que te tumbes en mis costillas
para que me digas que qué rápido voy. El corazón, claro.

Rápido vas tú, y a mí no me gusta correr sola.

Me vas marcando el ritmo haciendo que sepa con antelación qué canción quieres poner
o que me vas a hacer que te lea,
aunque nadie sabía que te había escrito nada.
Ni nadie sabía que me habías escrito nada.

Pero otra vez estamos uno delante del otro,
mirando la nada, para escuchar,
y mirándolo todo, para sentir.

Otra vez desnudos,
como en el parque,
como en la cama,
como en el verso.

En esta "periferia brillante de esta galaxia mediana,
donde flota nuestro diminuto mundo".
Este asteroide
del que no quiero que te vayas.




Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, ya desde las tres comenzaré a estar feliz.









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