En mi corazón se amontonan las flores de la vida sobre las que me quiero tender y dejar que
poco a poco,
pétalo a pétalo,
me diseccionen,
hasta hacerme brotar,
hasta hacerme explotar
en los colores de los fuegos artificiales que aguardan mi sed de quemarme.
miércoles, 13 de mayo de 2015
jueves, 7 de mayo de 2015
Síndrome de Dafne
Aquel abrazo le concedió tantas sensaciones a flor de piel
que su cuerpo se conmovió en un campo de margaritas.
jueves, 23 de abril de 2015
Arañazos con las yemas
Has aniquilado mi silencio,
aquel con el que pretendía realizar una ruta salvaje por tus pupilas.
Y ahora son nuestras voces las que hacen que anochezca o amanezca sin diferencia.
Y ahora es la protección de tu incesante indagar lo que consigue que quiera bucearme,
contigo como oxígeno.
Soy de mármol, pero no soy de piedra:
Mi piel hecha jirones se me desvanece
del cuerpo cuando me ensordeces en gruñidos
y se deshace
hundiéndote en todos los ángulos por los que
me deshidrato.
Has transformado la química en fisiología;
el olor a vino embriaga mis rodillas desde tus comisuras.
Eres energía imposible de agotar,
que se funde en mi boca como un caramelo de serotonina.
Soy una viciosa de tu olor,
una ninfómana de tu risa,
una degenerada de tu sabor.
aquel con el que pretendía realizar una ruta salvaje por tus pupilas.
Y ahora son nuestras voces las que hacen que anochezca o amanezca sin diferencia.
Y ahora es la protección de tu incesante indagar lo que consigue que quiera bucearme,
contigo como oxígeno.
Soy de mármol, pero no soy de piedra:
Mi piel hecha jirones se me desvanece
del cuerpo cuando me ensordeces en gruñidos
y se deshace
hundiéndote en todos los ángulos por los que
me deshidrato.
Has transformado la química en fisiología;
el olor a vino embriaga mis rodillas desde tus comisuras.
Eres energía imposible de agotar,
que se funde en mi boca como un caramelo de serotonina.
Y ya nada me da miedo.
Soy una viciosa de tu olor,
una ninfómana de tu risa,
una degenerada de tu sabor.
No
dejes que
deje
de
vibrar.
[Anilla. Barcelona, Sant Jordi 2015]
jueves, 9 de abril de 2015
Leerte, el boceto de un desnudo
Primero el sueño, luego el hambre, y después, las palabras.
Todo se me ha quedado atrancado tras las bisagras de tu boca.
No he reconocido la inminencia de tu cercanía hasta que mi palidez ha palpitado con cada golpe de tu voz.
Y fluye la falta de aire por mis piernas en los húmedos resquicios de tu saliva.
De tu suave, dulce e inflamable saliva.
El parte meteorológico de mis ojos dice que pronto amaneceré reflejada en gama de grises.
Pero aún son luces epilépticas las que te iluminan en mis dedos.
Y es en mis dedos donde leo la incertidumbre, la incongruencia:
cómo has dado lugar a que las tiránicas exigencias de mi mente,
que me impiden sentir que algo forma parte de mí,
me hayan obsequiado con poder ser algo que forma parte de ti.
Todo se me ha quedado atrancado tras las bisagras de tu boca.
No he reconocido la inminencia de tu cercanía hasta que mi palidez ha palpitado con cada golpe de tu voz.
Y fluye la falta de aire por mis piernas en los húmedos resquicios de tu saliva.
De tu suave, dulce e inflamable saliva.
El parte meteorológico de mis ojos dice que pronto amaneceré reflejada en gama de grises.
Pero aún son luces epilépticas las que te iluminan en mis dedos.
Y es en mis dedos donde leo la incertidumbre, la incongruencia:
cómo has dado lugar a que las tiránicas exigencias de mi mente,
que me impiden sentir que algo forma parte de mí,
me hayan obsequiado con poder ser algo que forma parte de ti.
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La duda siempre me sajó las entrañas.
Ahora me hace el amor a ritmo de susurros que saben a flores.
-Y me encanta(s)-
lunes, 16 de marzo de 2015
Cicatrizante
Todo era más fácil cuando me querías
escuchar,
cuando el no dormir era un problema de
ambos, simultáneo.
Cuando el verbo “irse” no requería
desplazamiento.
Supongo que la falta de raciocinio de
ese “nuestro” tenía que culminarse así, con la mezquindad de
su mismo principio.
Y no lo culpo, pues ya sé que soy
propensa a albergar la derrota, y que te me volabas de las manos
antes de dejarme asumir que éramos iguales.
No soy autoridad para responsabilizarme
de lo que fuiste en mí, pero tampoco una mártir que se torture por
ello.
O eso creería si la conciencia y la
pérdida me dejaran coger aire y tragar saliva, sin que tenga la
sensación de que todo me sobra en el cuerpo excepto tú.
He deseado que desaparezcas, y lo has
hecho. Pero es insuficiente.
Las agujas que marcan el tiempo me
están drenando en una diálisis infinita que me repite tu sabor.
He suplicado que te mueras, y entonces
he comprendido que si lo hacías, estarías eternamente conmigo.
Ya se notaba mi falta de asiduidad en
este purgatorio.
Me dijiste que nunca me mentirías. No
a mí.
Y por eso me desnudé, como si me
regalaras libros,
en cada uno de mis rincones
descompuestos, como el que hay en mi cama.
No te lo reprocho, ya no importa. Se
borrará tu presencia de mi piel, aunque haya que levantar la costra
mil veces. Aunque queden cicatrices.
Las caricias, los besos y los pellizcos
ya solo me hacen sangre.
Esto no es un epitafio para intentar
que empatices con mis temblores.
Esto es el capítulo final de aquello
que tú me dijiste que fue “el primero de todos”,
y que yo ahora cierro como el último
de nada.
Porque es absurdo buscarme en aquella
que te “hacía desvariar”.
Porque es necio quedarse en el
constante echarte de menos.
Y porque es inútil sentenciar que te
quiero,
más que a todo,
más que a nada.
jueves, 26 de febrero de 2015
Latidos nostálgicos
Le gustaba sentirse activa, cucarle sus
ojos de aceituna al mundo y simular una especie de intrahistoria
individual, una intimidad de comer pipas entre lo ajeno y su
flequillo.
La veías con su típico andar sin apoyar los talones,
mirándose en los espejos de los coches insatisfecha de las ojeras
del día anterior, moviendo sin parar los dedos como en un baile
flamenco.
Siempre bostezaba, siempre; y si algún
día llevaba una carretilla de nervios e incomodidades, aunque ésta
tuviera nombre propio, se marcaba con fuego que todo tenía solución
en la protección de sus sábanas.
Era entrañable ver cómo describía un
combate cuerpo a cuerpo contra la tristeza ataviada en pijama y con
la boca y los párpados completamente cerrados.
Quizá sea eso. Quizá el candado que
se dosificaba ha causado este silencio tan repentino. Todavía puede
vérsela caminar a brincos y sigue pintándose la nariz y las
mejillas de rojo…
Pero todo es contraproducente.
Lo último que le he visto imaginar es
a ella descalza, lanzando sus zapatillas demasiado lejos del borde de
su cama… Se pasa las horas muertas con una sensación esquiva de
abrazar al viento.
Y yo, corazón que la habita, me he
convertido en un sauce de ramas húmedas, luchando por no parar ni un
segundo entre sístole y diástole.
jueves, 18 de diciembre de 2014
La resaca, o el orgasmo
“Que la vida iba en serio uno lo
empieza a comprender más tarde”.
Pero que el cambio era inevitable puede
que nunca lo llegue a estimar.
Me quitas el hambre para devolvérmela en resoplidos,
y espero a que sean tus manos las que
tapen mis encías cuando evito, conscientemente, sonreír(te).
Mantengo la vergüenza de abrir un
libro desnuda,
y no por cómo lo hago sino porque me
ofrezcas algo nuevo.
Algo.
Nuevo.
Podemos constatar que no nos queda de
este tiempo inmaterial para culminar este disparate, esta
incertidumbre, este caos corrupto que me roba mordiscos.
Así que me voy.
Pero me voy
con sólo suplicarte que tú también
lo hagas.
Me voy.
Me voy.
Me voy.
Y tú vete,
conmigo.
Pero vuelve. Que no quiero que dejemos
de
irnos.
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