Destellos de ceguera me enmudecen
y te ríes de mis pérdidas sensitivas,
cuando tú estás más sordo que un escéptico
y no oyes que mis sienes latentes te están pidiendo una corona de flores.
y te ríes de mis pérdidas sensitivas,
cuando tú estás más sordo que un escéptico
y no oyes que mis sienes latentes te están pidiendo una corona de flores.
De esas que pretendes oler cada día sin llegar a embriagarte los pulmones.
Pero están llenos, a rebosar, del aroma que me salpicó las corvas.
Siempre quise estar besada por el fuego.
Ahora renazco en fénix cada vez que mezclamos las miradas en un brindis de dientes, yemas y nucas.
No existe acotación temporal que pueda reclamar el ansia que recae sobre mi vientre cuando toco
tu respiración.
Y ya sé que no me dejas abarcar nada más,
pero me basta para que el pecho me bombee a ritmo de soplos.
Exhala, suspira, agota hasta el último aliento.
Que la hoguera no se apague antes de que podamos saltarla.
[Anilla. Barcelona. Nit de Sant Joan 2015]



