jueves, 9 de febrero de 2017

Sin


No quiero hablar, solo me apetece decir tu nombre.
Cuánta lujuria.

Mi boca seca y mi sexo empapado se pelean por tu saliva
a cada momento que se me embota el cerebro con el eco de tus gritos.
Cuánta envidia.

Nunca las vocales habían tenido una connotación tan física. 
Te salen de la garganta directas a mi estómago,
a la vez e igual que cuando te succiono de placer hasta que me abofeteas con un "basta, 
empezamos otra vez".
Cuánta ira.

Es ver que me miras, incluso cuando no hay luz, y que las mejillas se me pongan rojas, como si me estallara una botella de vino en la cara y me la bebiera de un trago.
Cuánta gula.

Y me olvido de esa humildad por querer, con vergüenza, gustarte, 
porque tú, con todo lo que sobresale de tu cuerpo, 
me haces increíblemente guapa.
Cuánta soberbia.

Se me sale la vida por la piel con cada caricia de tus dedos,
y exijo más. Más caricias. Más dedos.
Cuánta avaricia.

Y el tiempo se empeña en que le alcancemos en su carrera y que (nos) corramos más que él, que tiene prisa.
Cuánta pereza.

Que casi no puedes respirar al decir "no puedo más, me voy". 
Que te vayas, como sea,
que me voy contigo.
Que me quiero, contigo.

Cuánto. Cuánto.


domingo, 6 de noviembre de 2016

Interno. Externo.

Con solo recordarlo, la electricidad de un rayo se expandía por mi columna.

“Quiero estar dentro de ti”,me decía, acariciándome los hombros,
haciendo que mis piernas se entreabrieran solas muy despacio.

Muy despacio.

Muy despacio.


Los temblores entumecían mis muslos.
-Los temblores humedecían mis muslos-.

“... estar dentro de ti” se colaba por mis oídos y retumbaba en mi garganta a golpe de gemido.
Era como si jugásemos a repetir lo que uno decía al otro, solo que mi respuesta paralela se construía en un idioma carente de palabras.
Una reacción causa-efecto de irremediable reciprocidad, de correspondencia sellada con un mordisco.

“...dentro de ti” eran todas las catástrofes atmosféricas.
Era llenarme los pulmones de huracanes,
eran mis venas derramadas dejando mis mejillas desbordadas de color rojo,
era mi pulso agitado por los seísmos de su cuerpo, por fin,
dentro de mi.

El rayo se proyectaba en mi columna,
y todas las sensaciones internas rebosaban de forma externa.

Y me quemaba, deshaciéndome en las innumerables chispas que desde el cielo no me atacaban,
sino que me elevaban consigo.

Y yo le llevaba conmigo.

Volvíamos a la Tierra,
también llamada cama, suelo, o cualquier superficie donde reposábamos nuestra respiración,
ya fuera de mí.

Aunque él ya estaba dentro antes de que me lo pidiese,
y no saldría ni aunque me/se lo suplicase.




lunes, 5 de septiembre de 2016

Almendro en flor

Me llegó la primavera,
con el aire caliente y sabor a sangre.

Agresiva y seca, llegó reclamando besos
y con un golpe de calor me arrancó la boca.

No tenía nada para ella.

Me dio gotas de fuego para saciar mi sed,
y ceniza para refrescar mi nuca.
No había ni una fiebre que hiciera sombra.

Eterna aridez abrupta y austera era mi piel,
y clavó sus dientes intentando allanar mis hombros,
cuando en mis músculos ya no quedaba ni un solo hueco fértil.

Nada podía arraigarse en estos muslos a los que nunca les rozó el sol.
La tierra eran tan seca que me había agrietado los labios.

Ahondó buscando la negrura, apenas latente, de lo más profundo de mis costillas,
y ahí, sin un atisbo de luz, plantó a abril para que me empezara a llover.

La humedad se fue filtrando por mi pecho, por mi cuello, por mis ingles;
mi lengua era un manantial.

Y donde antes no podía haber raíces capaces de aferrarse,
tus ramas me oprimieron,
me abrazaron,
me acariciaron.

Sentí la rigidez de tu cuerpo cuando me impregnaste de flores.
Ahora no hay día que mi vientre no huela a almendras.

Y cada noche, con una sonrisa, presencio mi propio funeral,
donde me sepulto bajo tus hojas para respirar mejor.
Para respirar más.
Para respirar.

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El campo por el que vagaba no se acababa nunca,
y me creía una nómada que se movía de cueva en abismo,
y era porque no supe que vivía tras una puerta hasta que llamaste a ella,
y que no venías solo,
y que yo no me iba.

Ambos estábamos llegando a casa,

a ambos nos estaba llegando la primavera.




lunes, 8 de agosto de 2016

Pretérito: Imperfecto y Simple

Te reiterabas en que llegaría el día que te irías a la cama enfundado en sus brazos, y que nunca más sería el silencio lo que os dormiría, sino todas aquellas emociones que no conocéis pero que se reventaron contra tus dientes para no pegarle un guantazo que le supiera como el más dulce de los besos.

Te amenazabas con amenazarle con quién es, porque eres un déspota que decidió que por quererla eras el único capaz de definir su esencia.

En todos los universos paralelos te empeñaste en tener un hueco bajo sus sienes, donde cada esquina de tu cuerpo se enfrentase al otro por ser el primero por erizarse y convertirse en su predilecto.

Todo especulaciones cuya finalidad era retorcerle el cuello hasta que se anudase a tus muñecas, para que fuera su tráquea las esposas que os llevarían al "sí quiero".

Quiero, quieres, quiere.

Pero lo único que hicisteis fue nominalizar vuestro verbo:

a común,

y a abstracto.


sábado, 23 de abril de 2016

El hueso

El hueso de mi cadera se ha enamorado de tus manos,
y me esparce por tu cuerpo para imantarte en cada una de sus aristas.

Estoy en el hueco de tu espalda, que tiene la forma de mis dedos, porque somos la misma pieza que vuelve a encajar,
desde conmigo hasta contigo.
No sé dónde empiezan mis arterias y se terminan tus venas,
ni cuáles son las flores de tus sábanas y las flores de mi pelo.

Se perdieron los secretos entre tus dientes y los míos, y antes de tocarte ya te estoy acariciando,
pero es mi piel la que hace espirales como la arena del desierto.

Le dices a mis muslos que estoy preciosa, y yo,escondiendo los restos de tus verdes bajo las pestañas, sé que es verdad porque el sexo me huele a besos.

Mi pulso pierde la cadencia buscando el momento de empezar,
antes
y durantes,
y el paso del tiempo se exime de su importancia, atrapado ahora entre nuestras clavículas.

Usamos los verbos al mezclarnos; y si te digo vibrar, exhalas, y si me dices entrar, vuelo.

Yo fui tu catalizador; tú, mi libro de poemas;
aunque en esta incursión eres tú quien me lee y yo quien te recupera.

Y quien se recupera
mientras sigue, enamorado de tus manos, el hueso de mi cadera.


[Anilla, Barcelona, Sant Jordi 2016]

domingo, 1 de noviembre de 2015

Apple Pie

Porque no hay ningún dios que me prohíba nutrirme de ti,
y tú eres un fruto que siempre estás en primavera.





lunes, 7 de septiembre de 2015

Acepciones

Él solo le pidió más espacio,
y como eso de comprar estrellas estaba muy visto,
le regaló un paquete de folios en blanco.