domingo, 23 de abril de 2017

martes, 21 de marzo de 2017

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Todo contigo es un segundo,
donde hay que decidir si abrirte la puerta o mandarte a tu casa.
Donde un beso en el hombro, sutil, impreciso,
llena la calle de ruido, de fiesta.
Donde gritarme "preciosa" a la cara
hace que la boca me tiemble hasta quedarme sin dientes de sonreírte.
¿Cuantas veces más?

Todo contigo es un segundo,
donde hay que decidir si correr tras de ti o quedarse esperándote.
Donde encontrarte por la calle causa arritmia.
Donde mencionarte da hasta pavor.
Donde la falta de tu olor es falta de oxígeno.
¿Cuándo he de marchar?

Todo contigo es un segundo,
en el que viajar buscando la nada.
Donde esconderse para aspirar el mar, acariciarse con tus dedos y ser feliz.
¿Hacia dónde te he de llevar?

Todo contigo es un segundo.
Donde un grito ahogado en la curva de mi cuello
me convierte en Afrodita sin más espuma que tu saliva.
Donde una bofetada se impone a mi apellido.
Donde las mejillas me explotan rojas de rabia,
y mi piel está celosa
y mi boca está celosa
y mis manos están celosas.

Pero todo contigo es un segundo,
¿cómo no te voy a perdonar?

Cuántos universos paralelos habrá,
y sin embargo todos confluyen igual en todo ese segundo.

No hay otras Ana cuando estás en mi habitación.

Todo contigo es un segundo
que a la eternidad se le queda grande.





[Anilla. Barcelona, 21 de marzo. 
Día internacional de la poesía.
Segundo día de primavera del 2017. ]




miércoles, 1 de marzo de 2017

Regalar unas flores, y sonreírles aunque ya estén muertas.
Recibir unas flores, y llorarles porque ya estás muerta.
Vestir con flores, por querer revivir.
Regar una flor, aunque no vaya a sobrevivir.







En Barcelona solo es primavera un día de abril.

¿Cuántas primaveras hay en China?

jueves, 9 de febrero de 2017

Sin


No quiero hablar, solo me apetece decir tu nombre.
Cuánta lujuria.

Mi boca seca y mi sexo empapado se pelean por tu saliva
a cada momento que se me embota el cerebro con el eco de tus gritos.
Cuánta envidia.

Nunca las vocales habían tenido una connotación tan física. 
Te salen de la garganta directas a mi estómago,
a la vez e igual que cuando te succiono de placer hasta que me abofeteas con un "basta, 
empezamos otra vez".
Cuánta ira.

Es ver que me miras, incluso cuando no hay luz, y que las mejillas se me pongan rojas, como si me estallara una botella de vino en la cara y me la bebiera de un trago.
Cuánta gula.

Y me olvido de esa humildad por querer, con vergüenza, gustarte, 
porque tú, con todo lo que sobresale de tu cuerpo, 
me haces increíblemente guapa.
Cuánta soberbia.

Se me sale la vida por la piel con cada caricia de tus dedos,
y exijo más. Más caricias. Más dedos.
Cuánta avaricia.

Y el tiempo se empeña en que le alcancemos en su carrera y que (nos) corramos más que él, que tiene prisa.
Cuánta pereza.

Que casi no puedes respirar al decir "no puedo más, me voy". 
Que te vayas, como sea,
que me voy contigo.
Que me quiero, contigo.

Cuánto. Cuánto.


domingo, 6 de noviembre de 2016

Interno. Externo.

Con solo recordarlo, la electricidad de un rayo se expandía por mi columna.

“Quiero estar dentro de ti”,me decía, acariciándome los hombros,
haciendo que mis piernas se entreabrieran solas muy despacio.

Muy despacio.

Muy despacio.


Los temblores entumecían mis muslos.
-Los temblores humedecían mis muslos-.

“... estar dentro de ti” se colaba por mis oídos y retumbaba en mi garganta a golpe de gemido.
Era como si jugásemos a repetir lo que uno decía al otro, solo que mi respuesta paralela se construía en un idioma carente de palabras.
Una reacción causa-efecto de irremediable reciprocidad, de correspondencia sellada con un mordisco.

“...dentro de ti” eran todas las catástrofes atmosféricas.
Era llenarme los pulmones de huracanes,
eran mis venas derramadas dejando mis mejillas desbordadas de color rojo,
era mi pulso agitado por los seísmos de su cuerpo, por fin,
dentro de mi.

El rayo se proyectaba en mi columna,
y todas las sensaciones internas rebosaban de forma externa.

Y me quemaba, deshaciéndome en las innumerables chispas que desde el cielo no me atacaban,
sino que me elevaban consigo.

Y yo le llevaba conmigo.

Volvíamos a la Tierra,
también llamada cama, suelo, o cualquier superficie donde reposábamos nuestra respiración,
ya fuera de mí.

Aunque él ya estaba dentro antes de que me lo pidiese,
y no saldría ni aunque me/se lo suplicase.




lunes, 5 de septiembre de 2016

Almendro en flor

Me llegó la primavera,
con el aire caliente y sabor a sangre.

Agresiva y seca, llegó reclamando besos
y con un golpe de calor me arrancó la boca.

No tenía nada para ella.

Me dio gotas de fuego para saciar mi sed,
y ceniza para refrescar mi nuca.
No había ni una fiebre que hiciera sombra.

Eterna aridez abrupta y austera era mi piel,
y clavó sus dientes intentando allanar mis hombros,
cuando en mis músculos ya no quedaba ni un solo hueco fértil.

Nada podía arraigarse en estos muslos a los que nunca les rozó el sol.
La tierra eran tan seca que me había agrietado los labios.

Ahondó buscando la negrura, apenas latente, de lo más profundo de mis costillas,
y ahí, sin un atisbo de luz, plantó a abril para que me empezara a llover.

La humedad se fue filtrando por mi pecho, por mi cuello, por mis ingles;
mi lengua era un manantial.

Y donde antes no podía haber raíces capaces de aferrarse,
tus ramas me oprimieron,
me abrazaron,
me acariciaron.

Sentí la rigidez de tu cuerpo cuando me impregnaste de flores.
Ahora no hay día que mi vientre no huela a almendras.

Y cada noche, con una sonrisa, presencio mi propio funeral,
donde me sepulto bajo tus hojas para respirar mejor.
Para respirar más.
Para respirar.

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El campo por el que vagaba no se acababa nunca,
y me creía una nómada que se movía de cueva en abismo,
y era porque no supe que vivía tras una puerta hasta que llamaste a ella,
y que no venías solo,
y que yo no me iba.

Ambos estábamos llegando a casa,

a ambos nos estaba llegando la primavera.




lunes, 8 de agosto de 2016

Pretérito: Imperfecto y Simple

Te reiterabas en que llegaría el día que te irías a la cama enfundado en sus brazos, y que nunca más sería el silencio lo que os dormiría, sino todas aquellas emociones que no conocéis pero que se reventaron contra tus dientes para no pegarle un guantazo que le supiera como el más dulce de los besos.

Te amenazabas con amenazarle con quién es, porque eres un déspota que decidió que por quererla eras el único capaz de definir su esencia.

En todos los universos paralelos te empeñaste en tener un hueco bajo sus sienes, donde cada esquina de tu cuerpo se enfrentase al otro por ser el primero por erizarse y convertirse en su predilecto.

Todo especulaciones cuya finalidad era retorcerle el cuello hasta que se anudase a tus muñecas, para que fuera su tráquea las esposas que os llevarían al "sí quiero".

Quiero, quieres, quiere.

Pero lo único que hicisteis fue nominalizar vuestro verbo:

a común,

y a abstracto.