lunes, 28 de noviembre de 2011

Encuentros a través de una pajita

Perfecto. Todo este tiempo evitándolo, encerrada, cuidándome de una vez, y salgo después de esta cuarentena y aquí está, como si nada hubiera ocurrido.
En serio, después de todo, de ser mi compañía desde que llegué, no entiendo cómo tiene el valor de presentarse y ni ofrecerse a saludarme.

Le perdonaría, me encantaría hacerlo, pero desde que se despreocupó por mi tanto aquella noche que no me fui con él y se desvaneció… Me abandonó cuando más miedo le tenía a la realidad…. “Háblale, venga. Lo quieres, no desaproveches la ocasión. Yo estoy contigo”…. Y en cuanto pudo ¡puf! ahí te quedas, afróntalo tú solita.

¡Y luego exculpándose!… “Estoy siempre metido en mi urna de cristal y aunque estoy en todo, luego no me entero de nada. Ni yo ni nadie que esté conmigo, lo sabes de sobra”. Puto superficial, sólo le interesa que todos le sigan e inviten a todas partes.

Encima, después, me venía con sus consejitos. Que si quedáramos antes de mis citas, que así calmaba mis nervios... ¡Claro! Y acudir con la mirada perdida y los labios encendidos… Pues menuda credibilidad podría tener….

Míralo, ahí, sin percatarse de que he venido, ni de lo que me ha perjudicado, y yo aquí como una tonta pensando en él y sin relacionarme con los demás… Pero, joder, qué vergüenza. Si es que tampoco sé qué decir… Si al menos tuviera la decencia de venir…Pero al final tendré que acercarme yo, como siempre… Vale… si. Lo reconozco, lo echo de menos… Cómo me hacía reír y hacer las locuras más absurdas. ¡Hasta su extraña manía de no hablar nunca del día anterior cuando nadie nos acordábamos de nada!

Madre mía, ¿qué hago? ¿Voy o no voy? Si empiezo a tener recaídas me van a tomar por débil… ¡Mierda! Ya me ha visto. Y a ver quién lucha contra esa mirada peleona… Ya viene…




-Prométeme que no vas a dejar que me derrumbe.
-Tranquila, estamos aquí todos para evitarlo. Y si no, sabes que siempre te ayudé a ahogar las penas… Deja tu mundo responsable y sígueme.
-En fin… Adiós yo abstemia. Vino, vuelvo contigo. Voy a beberme nuestras vidas.
-¡Claro que sí! Voy a avisar a mi novia, esto tiene que saberlo y que lo celebremos juntos. ¿Te apetece que quedemos mañana cuando te despiertes? ¡Qué ganas tengo de que la conozcas tía! Se llama Resaca, te va a caer genial, verás.
-Ya…seguro…








-Diálogo vinatero para Atiuste #3: Vino

lunes, 5 de septiembre de 2011

Buscando la rana con forma de Democracia

“¡Escucha, mundo, las voces de quienes te esculpen a bocanadas de amor!”

Os lo dije, os lo dije una sola vez. Y ausente pasó desapercibida no más de dos horas en un buzón de Correos. Y la hicisteis añicos sin saber que todo empezaba con una exclamación.

Me cercioré a pensar que seguíamos siendo los mismos analfabetos de siempre y sentí la gran pena de que nunca fuésemos capaces de oír ese grito más allá de nuestros sucios pabellones auditivos.

Pasaron semanas desde que mi insignificante pegatina fue arrancada y entonces, con kilómetros separándolos, totalmente ajenos a ello, gente indistintamente fue comprendiendo el significado de esa oración sin ni siquiera haberla leído ni una sola vez.

Sintiendo el deja vu de esas palabruchas tan retóricas que me había inventado, presencié el despertar de una siesta que nos tenía drogados desde aquella vaguedad que nos dijeron que era… que era… ah, sí, perdón; Democracia.

Brotaron las acampadas y mis ilusiones más colectivas, pero nada me ayudó a parar el incipiente desdén.

Nunca participé activamente, siempre me amodorraba estando allí, incluso llegué a enfadarme con situaciones que consideré como la moda del momento:
“es el 15-M ahora lo que se lleva tía”.

Tras días de escepticismo y de una profunda hondura de miedo, sentía que a pesar de no callar, la boca del pueblo seguía precintada y allí, en la tan encantadora Salamanca, la revolución se centraba en los colores de las pegatinas o en hacer más o menos caso a las decisiones que se tomaban en el núcleo del utópico amanecer.

Pasé a ser la indignada por los indignados, y eso me dolía tanto o más que ver cómo los lemas más esperanzadores entraban por el oído de unos y salían por el de otros. Reconocí mi absoluta ignorancia y mis pensamientos barojianos:
”La abstención y la contemplación de todo o la acción limitándose a un círculo pequeño”… estaba escrito en mi retina.

Pero decidí huir, decidí tanto dejar de mirar como dejar de implicarme indirectamente.

Y comencé a hacer lo que todos los que nunca prestaron la mínima atención, los que no entendían o los que se desarraigaron como yo deberíamos haber hecho: Informarnos.

Así poco a poco, siguiendo cada paso de cerca, comienzo a mantener unida a cada estallido de voz que se da en esta lucha de paz, un atisbo de esperanza; ese que me hace llorar y ensalzar mi corazón henchido cada vez que suena la canción del pueblo.

He pasado por tres fases: el ánimo idílico, la pasividad ingrata y finalmente, y con suerte, la actuación coherente; y me enorgullezco.

He podido volver a frotarme los ojos que nunca debí volver a cerrar y a agitar las manos como símbolo de la conciencia que jamás debemos perder.

Y ese sol, que ahora nos pica y que mantuvimos por toda la geografía como microciudades, va a salir todos los días. Sin rendición, sin que nos rindamos.

“El partido que podría ser tendría 3 p: Plaza Pueblo y Palabra”
José Luis Sampedro










Segunda aportación de aqui servidora para el fanzine ATIUSTE #2:15-M

jueves, 25 de agosto de 2011

Coloquio desesperado

A.Pasado: Es inevitable. Desde que se codea con la oscuridad ha perdido todo tipo de control. No termina de ubicar la realidad.

A.Futuro: Tiene los ojos desencajados, analizando constantemente detalle a detalle imágenes que nadie más ve. La profundidad de sus pupilas se ha convertido en la boca de un lobo.

A.Pasado: No es eso. Ya no tiene mirada. Se pasa su existencia observándome a mi, con el rostro desdibujado, robado de los versos más atroces.

A.Futuro: No se cómo ayudarla. Por más que le acaricio los hombros soy incapaz de prometerle que la vacuna temporal sea efectiva; por eso me da la espalda.

A.Pasado: Aun con esas, yo soy más desconocida para ella que tú. No confía en nada de lo que digo, soy una distorsión de su mente. Reniega de mi y cada vez que lo hace, la muerte se aproxima. Ya se ha metido en mi cama. Va a borrar cualquier vestigio de lo que soy.

A.Futuro: Eres lo que fue.

A.Pasado: Y no puede llegar a ti si me corta de raíz. No puede asesinar a su propia filosofía del recuerdo.

A.Futuro: No intentes convencerte de que quedarte dormida en un cajón entre cartas, fotos y canciones que se repiten en un bucle es la mejor opción. Ya no hay tinta en esos folios que te proteja, ni quedan guijarros que la marea de la memoria sea capaz de arrastrar hacia sus pies.

A.Pasado: Ya sólo le quedas tú, pero si la rabia, la resignación y el pánico se convierten en su alianza, estás perdida.

A.Futuro: Por desgracia, se lo que va a pasar...Supongo que mantendré el pensamiento de que pueda cambiar de opinión y alce los ojos por fin hacia las posibilidades que le ofrezco.

A.Pasado: Te desearía suerte, pero comprende que no creo mucho en ella.

A.Futuro: Deséame que desaparezca de esa calle en la que se ha estancado. Si sigue ahí, ambas vamos a tener un final de tragedia fatalista.

A.Pasado: Ya nada podemos hacer si son ríos de agua hirviendo los que únicamente mantienen con vida al Presente...





martes, 26 de julio de 2011

Y que retornaras...

Algo me perturba el sueño, notando como se despega una mano que, al parecer, había atrapado con suma delicadeza ese arco que se forma en mi costado.

No veo nada, no distingo esa voz, pero vuelvo la cabeza y, completamente a oscuras, sus labios apretados juegan buscando saciar su instinto primitivo del reciente despertar.

En décimas de segundo paso de confusión a convulsión, del pánico al paraíso, y de ambientar mi nariz del aroma de la lujuria más latente…

Respiro. Creo que sabe que necesito asumir que, por fin, está ahí. Estoy aturdida. Enciendo una luz tenue y gracias a ella puedo divisar cada uno de sus relieves, que con el tacto se transforman en música que se disipa en su constante levantar de cejas.

Tal debe ser mi cara un híbrido de espanto, sorpresa e inocua felicidad que su reacción sólo me deja atisbar pequeños reflejos en su mirar, controlador pero inocente. Y eso es lo único que veo: unas pupilas, brillantes y hambrientas.

Cogida por una de mis corvas me encuentro buscando en mi mente esos mundos inexistentes hasta ahora, sin reaccionar que la realidad está siendo tejida con una manta de besos por el pecho y que no me deja volar al subconsciente porque sus manos agarran mis brazos. No me puedo escapar.

A pesar de que estoy gozando de cada efervescencia de este instante, soy capaz de dividir el tiempo de tal manera que se hace eterno, que huye de miedos y vergüenzas.

Y sólo importa el silencio palpable entre nuestros dientes cuando se separa para pensar qué deparará el siguiente segundo, pero instintivamente vuelve a zambullirse sobre mi rostro, que se enrojece y palpita al son de sus pulsaciones.

Hemos pasado en unas horas de ser anónimos físicamente a ser un único movimiento.

Se acelera con una locura ilimitada. Para. No me he percatado de mis propios deseos cuando me vuelve a encaminar contra sí.

Cada contracción es digna de un estrepitoso aplauso mundial.

Saboreo los colores, palpo nuestro ritmo, oigo su piel. Y en esta esfera suprema de esta ciudad trasnochadora, sin previo aviso, nos condenamos a un frenazo que se mezcla con un tropel de sensaciones, hijas de los elementos que originaron el universo.

Y no hay nada comparable con el abrazo con el que me recuesta a su lado después de haber aspirado de nuestras propias bocas el aullido del placer.











Y aquí, la aportación de mi puño para el fanzine ATIUSTE #1:SEXO.

martes, 21 de junio de 2011

Frustración infravalorada (o por qué no me comprendes)

Desordenaría todo el universo en un caos innato más de lo que aparentemente no es, haría que el viento fuera tangible para despedazarlo con mi rabia como arma letal, levantaría mi voz más allá de cualquier astro para que estallara con el anhelo que pervive en mí por no poder oler tus comisuras.

Sería capaz de las más abominables y distorsionadas ideas…sólo para demostrarte que todo lo que escribo es una ejecución de las venas y arterias que me recorren; convertidas en extremidades que puntúan cada palabra según la cadencia de mi palpitar.

Según los pestañeos que articulo sobre las imágenes que recuerdo de cuando todavía, sin querer, me mirabas.

domingo, 22 de mayo de 2011

Autobiogradía. Tercera parte: Hierba mojada

-22:00

Una timidez pasea ataviada en pijama, con olor a loción de bebé y el pelo humedecido de vapor de agua, por el suelo polvoriento del rincón más pequeño de la ciudad más despierta.
La música la persigue. Con ojos despavoridos, busca algún reto antes de decidir si tomar la calle en busca de distintos aromas o si prefiere un final digno de la épica antigua entre sábanas y almohada.

Cuanto más cae el telón estrellado, más cae su misticismo, su ambigüedad. Llegar al epicentro de este cuerpo significa agitar cada uno de sus engranajes. Entonces, el terremoto comienza...

-24:00

Respiraciones cada vez más anhelantes. Las falanges se mueven, como si traspasaran de un lado a otro los hilos que resumen las consecuencias de su jornada tripartita.
Cada vez más temblores. La sumisión busca palabras para llenar carretillas, semánticas de amor y fugitivas de la incertidumbre.

Ni el trabajo más preciso del cirujano más efectivo se puede comparar con la dificultad de amainar la fuerza incansable de los miedos de este pobre organismo, fracasado y desesperado.

-02:00

Entonces, la naturaleza, sublime y angustiada, se agota, se adormece.
Entonces, la calma reina.
Se encoge, y con las sienes cubiertas de un cansancio intangible, descansa sobre el regazo de la esperanza que nunca soltó, ni cuando su cuerpo parecía una simbiosis de todas las catástrofes atmosféricas del mundo.

Y reposa inconscientemente bajo un cielo que se abre al amanecer... donde la rutina de los hechos volverá a atacar disfrazada, siendo un giro de 360 grados. Siendo la irremediable autobiogradía.











lunes, 21 de marzo de 2011

Autobiogradía. Segunda parte: Conocerás la tarde, lo tarde.

·16:00

El trabajo dignifica. Prepara el cuerpo para pasar 5 horas o más con la espalda en vilo y la mirada uniendo letras con los garabatos del sufrir cataratas. Rodean numerosos papeles y mentes insignificantes que no aprecian que sus experiencias no son más que meros conceptos de fracaso.
Hay preguntas en este aire erudito, ¿contesto?.Zapateo. Vibra una esquina y con seísmos diminutos se trasmite hasta el otro extremo.

¿Nerviosa?

Los minutos vagan con desánimo haciendo saborear la amargura del tiempo con sensación perdida, incubadora del agotamiento y de ojeras como el cañón del Colorado.

El instante de abandonar ese cajón de sastre de poesía ignorada y narrativa de coste llamado facultad se acerca apaciguando las horas decimales.

Se anuncia la llegada de una última sesión rutinaria, donde el hermetismo que mi cráneo ha ido produciendo sólo ha ocasionado la llegada a la tercera fase: la del decaimiento, la del miedo.


·21:00

Cuando la tarde se tornó en lo tarde, aturdidor del pasado, allanador del presente y difusor del futuro.