...Sigue hablándome por favor, pues cuanto más me digas más
destrozada me dejarás al acabar la conversación. Pero así podré sentirte cerca, acuñando mi corazón como si fuera tuyo (siempre ha sido tuyo). Y me quedaré sin
ganas de tragar saliva, de respirar, de latir.
Porque es así como consigues que se enaltezca mi perspectiva
de estar viva y de crear la belleza que ambos conocemos: la que tú haces
posible y yo reconozco y reproduzco bajo tus palabras de ignorancia que me
llenan de amor...
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