jueves, 23 de abril de 2015

Arañazos con las yemas

Has aniquilado mi silencio,
aquel con el que pretendía realizar una ruta salvaje por tus pupilas.

Y ahora son nuestras voces las que hacen que anochezca o amanezca sin diferencia.
Y ahora es la protección de tu incesante indagar lo que consigue que quiera bucearme,
contigo como oxígeno.

Soy de mármol, pero no soy de piedra:
Mi piel hecha jirones se me desvanece
del cuerpo cuando me ensordeces en gruñidos
y se deshace
hundiéndote en todos los ángulos por los que
me deshidrato.

Has transformado la química en fisiología;
el olor a vino embriaga mis rodillas desde tus comisuras.

Eres energía imposible de agotar,
que se funde en mi boca como un caramelo de serotonina.

Y ya nada me da miedo.


Soy una viciosa de tu olor,
una ninfómana de tu risa,
una degenerada de tu sabor.


No
        dejes que
       deje
            de
vibrar.









[Anilla. Barcelona, Sant Jordi 2015]

jueves, 9 de abril de 2015

Leerte, el boceto de un desnudo

Primero el sueño, luego el hambre, y después, las palabras.
Todo se me ha quedado atrancado tras las bisagras de tu boca.

No he reconocido la inminencia de tu cercanía hasta que mi palidez ha palpitado con cada golpe de tu voz.
Y fluye la falta de aire por mis piernas en los húmedos resquicios de tu saliva.

De tu suave, dulce e inflamable saliva.

El parte meteorológico de mis ojos dice que pronto amaneceré reflejada en gama de grises.
Pero aún son luces epilépticas las que te iluminan en mis dedos.
Y es en mis dedos donde leo la incertidumbre, la incongruencia:

cómo has dado lugar a que las tiránicas exigencias de mi mente,
que me impiden sentir que algo forma parte de mí,
me hayan obsequiado con poder ser algo que forma parte de ti.


-----------



La duda siempre me sajó las entrañas.
Ahora me hace el amor a ritmo de susurros que saben a flores.




-Y me encanta(s)-




lunes, 16 de marzo de 2015

Cicatrizante

Todo era más fácil cuando me querías
escuchar,
cuando el no dormir era un problema de ambos, simultáneo.
Cuando el verbo “irse” no requería desplazamiento.

Supongo que la falta de raciocinio de ese “nuestro” tenía que culminarse así, con la mezquindad de su mismo principio.
Y no lo culpo, pues ya sé que soy propensa a albergar la derrota, y que te me volabas de las manos antes de dejarme asumir que éramos iguales.

No soy autoridad para responsabilizarme de lo que fuiste en mí, pero tampoco una mártir que se torture por ello.
O eso creería si la conciencia y la pérdida me dejaran coger aire y tragar saliva, sin que tenga la sensación de que todo me sobra en el cuerpo excepto tú.

He deseado que desaparezcas, y lo has hecho. Pero es insuficiente.
Las agujas que marcan el tiempo me están drenando en una diálisis infinita que me repite tu sabor.

He suplicado que te mueras, y entonces he comprendido que si lo hacías, estarías eternamente conmigo.
Ya se notaba mi falta de asiduidad en este purgatorio.

Me dijiste que nunca me mentirías. No a mí.
Y por eso me desnudé, como si me regalaras libros,
en cada uno de mis rincones descompuestos, como el que hay en mi cama.

No te lo reprocho, ya no importa. Se borrará tu presencia de mi piel, aunque haya que levantar la costra mil veces. Aunque queden cicatrices.
Las caricias, los besos y los pellizcos ya solo me hacen sangre.

Esto no es un epitafio para intentar que empatices con mis temblores.
Esto es el capítulo final de aquello que tú me dijiste que fue “el primero de todos”,
y que yo ahora cierro como el último de nada.

Porque es absurdo buscarme en aquella que te “hacía desvariar”.
Porque es necio quedarse en el constante echarte de menos.
Y porque es inútil sentenciar que te quiero,
más que a todo,

más que a nada.

jueves, 26 de febrero de 2015

Latidos nostálgicos

Le gustaba sentirse activa, cucarle sus ojos de aceituna al mundo y simular una especie de intrahistoria individual, una intimidad de comer pipas entre lo ajeno y su flequillo. 
La veías con su típico andar sin apoyar los talones, mirándose en los espejos de los coches insatisfecha de las ojeras del día anterior, moviendo sin parar los dedos como en un baile flamenco.
Siempre bostezaba, siempre; y si algún día llevaba una carretilla de nervios e incomodidades, aunque ésta tuviera nombre propio, se marcaba con fuego que todo tenía solución en la protección de sus sábanas.
Era entrañable ver cómo describía un combate cuerpo a cuerpo contra la tristeza ataviada en pijama y con la boca y los párpados completamente cerrados.

Quizá sea eso. Quizá el candado que se dosificaba ha causado este silencio tan repentino. Todavía puede vérsela caminar a brincos y sigue pintándose la nariz y las mejillas de rojo…

Pero todo es contraproducente.

Lo último que le he visto imaginar es a ella descalza, lanzando sus zapatillas demasiado lejos del borde de su cama… Se pasa las horas muertas con una sensación esquiva de abrazar al viento.


Y yo, corazón que la habita, me he convertido en un sauce de ramas húmedas, luchando por no parar ni un segundo entre sístole y diástole.

jueves, 18 de diciembre de 2014

La resaca, o el orgasmo

“Que la vida iba en serio uno lo empieza a comprender más tarde”.
Pero que el cambio era inevitable puede que nunca lo llegue a estimar.

Me quitas el hambre para devolvérmela en resoplidos,
y espero a que sean tus manos las que tapen mis encías cuando evito, conscientemente, sonreír(te).
Mantengo la vergüenza de abrir un libro desnuda,
y no por cómo lo hago sino porque me ofrezcas algo nuevo.
Algo.
Nuevo.
Podemos constatar que no nos queda de este tiempo inmaterial para culminar este disparate, esta incertidumbre, este caos corrupto que me roba mordiscos.

Así que me voy.
Pero me voy

con sólo suplicarte que tú también lo hagas.

Me voy.
Me voy.
Me voy.


Y tú vete,
conmigo.

Pero vuelve. Que no quiero que dejemos de
irnos.


jueves, 25 de septiembre de 2014

De "No te" a Norte

Le voy a regalar a tu eminente frente la negación de cualquier tipo de vínculo.
Para que las letras y los números follen hasta que hagan un nudo con tus rizos en mi estómago,
y así me abraces con el sueño fruncido.

Cada ciudad donde has silbado se nutre de rabia y te llama imbécil,
por haberte ido,
por haber estado ido,
por haber estado.

Pero si vuelves lo mínimo que hará será acostarse sobre ti,
pues eres el incentivo de volver a casa con los ojos atragantados de sonreír.

Desearía ser yo quien te dedica portadas y te lame los muslos
mientras a ti te tiemblan los dedos desde julio hasta septiembre.
Y al final me has comido.

Me he comido
una atracción insulsa para no destrozar el flujo de indiferencia
que te ha bajado por las rodillas
y que me ha calado hasta las manos
sin que las hayamos entrelazado alguna vez.


Así que si me transitas, siendo polvo haremos polvo,
nos mancharemos de besos, nos ignoraremos las espaldas.

Y dormiremos, más tarde de después, impolutos de conciencia
ya que no habrán placas que choquen y muevan la superficialidad,
ni sangre que llene de estigmas la piel de quien
no(s) quiere.

martes, 2 de septiembre de 2014

Tú, ti, me, contigo

Acaricio los verbos con los que actúas para ofrecerles la suavidad con la que quiero que me vivas.
Mis yemas han sido demasiado compartidas, pero solo tú has probado mis palmas,
con las que abarqué a manos llenas toda tu intangibilidad.
Será que soy como el asesino de El Perfume, pero no voy a guardar tu esencia en la pituitaria
-eres tú el que esnifas epidermis-.
Únicamente intenté recordar el molde de tu contorno incluso cuando estás.
Y quedarme en él cuando
te vas.

Te has ido.
Te irás.

Retumban quejas sordas y prohibidas en las paredes de tus antebrazos.
Que no pueden oír, que no pueden reír-se de mí-, pero que me están haciendo creer.
Creer que -me- corro por tus venas.

Y tengo que parar
para que el mundo se baje,
porque si le digo que le quiero se saldrá de su órbita hasta estrellarse con una de tantas Melancolías.

Pero antes te voy a besar con los dientes, para frenar.
Para que me frenes.
Y así, por una vez, ser tu complemento indirecto.