miércoles, 14 de mayo de 2014

Postales Presonalizadas // Capítulo 4: Eduardo

 El proceso de creación siempre es complejo, e incluso desesperante, hasta que se alcanza la idea anhelada. Vueltas y vueltas sobre la misma disposición de hacer algo sin saber qué. Eso es lo que le ocurrió a ella con él.
Primero le vio, le proyectó y le deseó; pero le tuvo que inventar a base de rumores e imágenes filtradas por la selección de anónimos ajenos al interés de su indagación.
Después le habló, y su ilusión pareció encajar perfectamente con la realidad.  No dejaba que se diera un solo paso que ella antes no le hubiera planteado a su mente cómo debía producirse.
Luego le tocó y pudo ser capaz de afirmar que le conocía, sin darse cuenta de que no había abandonado en ningún momento el estatismo en el que la imaginación  le mantenía, flotando con los músculos agarrotados y exasperando suspiros que empañaban la ventana que daba hacia la mañana. Maldita mañana.
Lo que ocurrió más tarde fue rápido, que no fácil. Como un corte perfecto hecho con un folio nuevo. Le olvidó. O simplemente le arrinconó en aquella galería mental que sólo se abre cuando se va buscando y revolviendo algún momento concreto hasta que el error demuestra que no era ahí a donde se quería llegar. Y se desempolvan, con tacto minucioso y nostálgico, las figuras besadas y los rostros acariciados, a los que apetece volver a transitar sobre ellos -porque con los recuerdos se consigue cortar la noción del pasado-, pero que no son más que las reliquias de la propia intrahistoria que se rebajan a ser una mezcla de la ficción que fue construida y la realidad que sigue difuminada.
Y fue entonces, en la disección entre el convencimiento de su existencia y el ansia de hacerle desvanecer cuando decidió que podía volver a crearle. Le deshumanizó en la experiencia que le hizo sentirle más humano, fuera de su invento. Y pudo ver su organismo en movimiento gracias al trazo de las letras, su respiración en cada espacio y su pelo en cada arruga del papel. Para siempre.

Gracias, Samuel.
Por ti pude hacer que la eclosión de tu persona y mis sensaciones una noche concreta pudieran ser inmortales e igual de perfectos que cuando se dieron lugar. Que la literatura se hiciera vida: Parte de mi vida. Parte de tu vida






Y que retornaras

miércoles, 7 de mayo de 2014

Piromanía

Soy completamente inflamable desde que me rociaste con tus palabras, pues tengo el corazón tan hinchado que una chispa provocada por tu saliva me convertiría en lenguas de fuego que devorarían cada esquina de mi cuerpo, cada vértice de mis delirios.

Y sólo quedarían cenizas que se esparcirían por tu paladar, ardientes de combustión, ardientes de ira por obligarlas a tener sabor a “no te quise nunca”.




jueves, 1 de mayo de 2014

Queda terminantemente prohibido expresar algún tipo de sentimiento.

...Sigue hablándome por favor, pues cuanto más me digas más destrozada me dejarás al acabar la conversación. Pero así podré sentirte cerca, acuñando mi corazón como si fuera tuyo (siempre ha sido tuyo). Y me quedaré sin ganas de tragar saliva, de respirar, de latir.

Porque es así como consigues que se enaltezca mi perspectiva de estar viva y de crear la belleza que ambos conocemos: la que tú haces posible y yo reconozco y reproduzco bajo tus palabras de ignorancia que me llenan de amor...

domingo, 13 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 3: Casandra

Siempre estaba lejos pero nunca ausente. Daba pasos sosegados entre todo aquello que la rodeaba, sin hacerse notar pero sin huir del todo. Le ocurría desde muy pequeña: para ella el placer era poder estar sola sin necesidad de exponer a los demás su epitelio protector. Era un límite demasiado poderoso hecho por ella y para ella, ¿para qué compartir un espacio tan frágil si peligra a difuminarse entre lo ordinario y lo común de la interactuación? No lograba entender por qué la soledad tenía tantas connotaciones negativas. Disfrutar era sinónimo de imaginar, y con cinco años era inalcanzable el poder explicar la suficiencia de estar consigo misma.
Pero tuvo que crecer intentando evitar su propia filosofía, estudiando al detalle la comunicación. Los intercambios colectivos a veces se hacían demasiado voluminosos y el deseo de desaparecer fulgía en cuanto se cerraba un ciclo.
Sobrevivir a la variedad de las relaciones humanas, receptivas y desconcertantes, es una tarea exhaustiva y agotadora para quien se retroalimenta de sí mismo, que se busca bajo el cuello de la camisa las respuestas a cada frase, a cada mirada, a cada adiós. Y cuando la comprensión es burlada demasiadas veces, uno opta por desintegrarse para ahuyentar el dolor.
Pero ni aunque lo ansiara podía estar totalmente sola y aquella noche, en aquel conato de evaporación, Beatriz se lo demostró.
Y no hay hastío si constantemente hay presencias que apelmazan caricias y consuelo en la más completa clausura.





(There is still hope.)

domingo, 6 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 2: Minerva

No creo que nadie se haya nunca parado a pensar alguna vez en la forma en la que llegó a conocer a cada una de las personas que han pasado por su vida. No, ni mucho menos. Es más, a la gran mayoría las olvidamos, y al resto que queda las clasificamos entre “los de siempre”, “los de hace poco” y aquellos que “vaya putada no poder hacerlos desaparecer”.
Hiponimia social inconsciente y egoísta.
El paso del tiempo quiebra poco a poco la certidumbre de nuestros recuerdos hasta difuminarlos en lo que fueron (o no fueron). Es la mezcolanza irremediable que el desgaste senil nos regala.
En su caso, siempre se había sentido aturdida, a caballo entre el sueño y el mundo tangible y agotada por el miedo ya no de perder lo que uno tiene, sino de perder lo que ya no se posee. La esencia del recuerdo es tan vana y frágil como la cadera de un octogenario y la consumición de la rutina impide cada vez más la re-estructuración de nuestras capacidades. Padecía por asentar sus decisiones en el pasado, condicionando al devenir de sus agravios anteriores.
El presente era la (no) base de su nihilismo.
Pero aquella reminiscencia tan sumamente nula, imposible ni siquiera de hacer un esqueleto con sus anécdotas más dudosas le hacía siempre llevarse una sonrisa a la boca. Podía vivir de ella sin necesidad de arrastrarse hasta los orígenes de sus coincidencias. Porque el no recordar cómo había conocido a Esther le regaló la amnesia de un cariño ilimitado que la hizo inmortal.




(A mi escudo protector de la amenaza temporal)

viernes, 4 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 1: Gala

Le decían constantemente que no podía evitar las recaídas, y que no importaba que tuviera que depender de pequeñas dosis químicas para acercarse a la felicidad. Era una felicidad artificial pero, a decir verdad, ¿podría ser algo más que una mera consecuencia de varios elementos artificiosos superpuestos? Ella por lo menos podía explorar los colores de aquello que le proporcionaba “bienestar”. Pero a pesar de aquella actitud pragmática y natural, el tener que tomar pastillas para no ver cómo su rostro se deshacía frente al espejo le resultaba innecesario. Cuando las sentía sobre la lengua, saboreaba la asfixia necesaria para la tranquilidad ajena.
La desconexión de sus preocupaciones.
Desde que veía la misma caja todas las mañanas los estímulos para posicionarse sobre el papel se habían esfumado, y las ficciones-realidades que residían en su interior sólo aparecían de noche, durante el sueño cada vez más eterno. Le habían cambiado la medicación: Ahora eran los antidepresivos los que intentaban alcanzar lo que la escritura ya no conseguía curar. Se había hecho inmune a las palabras.
Toda ella se repartía en otro cuerpo, al igual que todo aquel otro organismo se extendía en ella de forma recíproca. Ambos caminaban por la misma senda de incertidumbre, y ese otro cuerpo cuyo nombre era Mireya tenía la respuesta (que no la solución) para aquel sufrimiento compartido y único:
Sentimos la vida más que el resto.





(A mi hermana-osa-polar)

jueves, 6 de marzo de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas

Al volver a mi querido pueblo manchego tras una larga de cuatro meses sin pisar tierras hispanas, me invadió tal sentimiento de desazón al pensar que tenía que volverme a la Britania que se me ocurrió una descabellada idea (descabellada porque no sé si mi imaginación dará pá tanto).  Un proyecto "literario" que podrá volar en los sacos de correos desde el Este de Londres hasta cualquier punto del mapa mundial donde se halle alguna cabeza loca que conforma mi sentido del amor.
Mediante postales en las que, por desgracia, un sello se come la mitad del espacio, iré escribiendo capítulos gota a gota a cada uno de los seres más importantes de mi vida: amigos, familia, perros (ojalá perros), el señor Kellogg.... 
Cada pedazo de cartón viajero será publicado, una vez sabida su llegada a su destinatario, en esta mi "cosa donde escribo en internet" (ya no puede ser Blog, eso es para tías ricas de instagram) con su correspondiente título, el cual tiene una explicación:
El título de cada pedazo de mí será el nombre que el destinatario pondría a su hijo/hija, para que también sea desde un principio un pedazo de sí.

Y de esta manera, con sólo unas cuantas líneas, podré llegar a todas partes y a lo más alto mientras cada uno de mis corazones repartidos bombee al compás de mis palabras.