martes, 20 de mayo de 2014

Postales Presonalizadas // Capítulo 5: Matilda

Admiraba cada palabra que conformaba el tropel sonámbulo de su cabeza, parroquiano más habitual de un hemisferio que de otro (al caos le gusta emborracharse de emociones).
Ella estaba tan confusa que sólo podía encontrar una explicación si tenía fe por primera vez en su vida y creía en que había algo más allá del entendimiento. No era arte, no era talento, no era magia. Era divinidad.

Tal esplendor emanaban todas sus maravillas a las que llamaban "rarezas" que, sumado a la incertidumbre de no saber cómo expresarse frente a su rostro, embriagaba su cuerpo de sacudidas que le atemorizaban y, a la vez, le hacían sentir su protección. Se mostraba frágil ante tal portento creador de belleza, de la más gran belleza, como Sémele abrasada al calor de la perfección. Y eso le daba una felicidad atroz, un miedo eufórico y demencial.
Desorientada sobre la cama desde donde veía el borde -el abismo-, le suplicó con gotas de temblor que le dejara deslizarse horizontalmente. Las sienes le desequilibraban, pesadas como yunques que estallaban tras sus ojos desde donde el cariño nacía con forma de manantial. Y las palabras, único escudo imperecedero, se habían desvanecido entre los parpadeos centelleantes que se evitaban entre ambas.
Se tumbó, y ella le reiteró. Nariz helada contra manos escondidas.
Les separaba una barrera incorpórea de centímetros que las alejaba años luz. En un lado la inseguridad, en otro la culpabilidad. Ella observaba desde su parte de la frontera como aquel niño que está a punto de notar la lluvia por primera vez y que vislumbra, tan lejos y tan cerca, aquello que sabía que existía pero que era una verdad negada.
Realidad cubierta de un plúmbeo velo contra el que sus fuerzas eran insuficientes para destapar.

Pero su agitación, todo nervio, traspasó tanteando cada movimiento de su boca para no fallar en nada de su petición, estirando los brazos hasta el infinito de aquella ciudad hecha de sábanas. Reclamaba serenidad y respuestas mudas; imploraba la cura de aquellas heridas putrefactas que la oscurecían por dentro como un torbellino ilimitado de la mismísima Laguna Estigia.

Y destruyeron el muro con las mil revoluciones en las que palpitaban, sin más sonido que el encaje de sus extremidades y el eco metafórico de una música de piano.





"Sputnik, mi amor"

miércoles, 14 de mayo de 2014

Postales Presonalizadas // Capítulo 4: Eduardo

 El proceso de creación siempre es complejo, e incluso desesperante, hasta que se alcanza la idea anhelada. Vueltas y vueltas sobre la misma disposición de hacer algo sin saber qué. Eso es lo que le ocurrió a ella con él.
Primero le vio, le proyectó y le deseó; pero le tuvo que inventar a base de rumores e imágenes filtradas por la selección de anónimos ajenos al interés de su indagación.
Después le habló, y su ilusión pareció encajar perfectamente con la realidad.  No dejaba que se diera un solo paso que ella antes no le hubiera planteado a su mente cómo debía producirse.
Luego le tocó y pudo ser capaz de afirmar que le conocía, sin darse cuenta de que no había abandonado en ningún momento el estatismo en el que la imaginación  le mantenía, flotando con los músculos agarrotados y exasperando suspiros que empañaban la ventana que daba hacia la mañana. Maldita mañana.
Lo que ocurrió más tarde fue rápido, que no fácil. Como un corte perfecto hecho con un folio nuevo. Le olvidó. O simplemente le arrinconó en aquella galería mental que sólo se abre cuando se va buscando y revolviendo algún momento concreto hasta que el error demuestra que no era ahí a donde se quería llegar. Y se desempolvan, con tacto minucioso y nostálgico, las figuras besadas y los rostros acariciados, a los que apetece volver a transitar sobre ellos -porque con los recuerdos se consigue cortar la noción del pasado-, pero que no son más que las reliquias de la propia intrahistoria que se rebajan a ser una mezcla de la ficción que fue construida y la realidad que sigue difuminada.
Y fue entonces, en la disección entre el convencimiento de su existencia y el ansia de hacerle desvanecer cuando decidió que podía volver a crearle. Le deshumanizó en la experiencia que le hizo sentirle más humano, fuera de su invento. Y pudo ver su organismo en movimiento gracias al trazo de las letras, su respiración en cada espacio y su pelo en cada arruga del papel. Para siempre.

Gracias, Samuel.
Por ti pude hacer que la eclosión de tu persona y mis sensaciones una noche concreta pudieran ser inmortales e igual de perfectos que cuando se dieron lugar. Que la literatura se hiciera vida: Parte de mi vida. Parte de tu vida






Y que retornaras

miércoles, 7 de mayo de 2014

Piromanía

Soy completamente inflamable desde que me rociaste con tus palabras, pues tengo el corazón tan hinchado que una chispa provocada por tu saliva me convertiría en lenguas de fuego que devorarían cada esquina de mi cuerpo, cada vértice de mis delirios.

Y sólo quedarían cenizas que se esparcirían por tu paladar, ardientes de combustión, ardientes de ira por obligarlas a tener sabor a “no te quise nunca”.




jueves, 1 de mayo de 2014

Queda terminantemente prohibido expresar algún tipo de sentimiento.

...Sigue hablándome por favor, pues cuanto más me digas más destrozada me dejarás al acabar la conversación. Pero así podré sentirte cerca, acuñando mi corazón como si fuera tuyo (siempre ha sido tuyo). Y me quedaré sin ganas de tragar saliva, de respirar, de latir.

Porque es así como consigues que se enaltezca mi perspectiva de estar viva y de crear la belleza que ambos conocemos: la que tú haces posible y yo reconozco y reproduzco bajo tus palabras de ignorancia que me llenan de amor...

domingo, 13 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 3: Casandra

Siempre estaba lejos pero nunca ausente. Daba pasos sosegados entre todo aquello que la rodeaba, sin hacerse notar pero sin huir del todo. Le ocurría desde muy pequeña: para ella el placer era poder estar sola sin necesidad de exponer a los demás su epitelio protector. Era un límite demasiado poderoso hecho por ella y para ella, ¿para qué compartir un espacio tan frágil si peligra a difuminarse entre lo ordinario y lo común de la interactuación? No lograba entender por qué la soledad tenía tantas connotaciones negativas. Disfrutar era sinónimo de imaginar, y con cinco años era inalcanzable el poder explicar la suficiencia de estar consigo misma.
Pero tuvo que crecer intentando evitar su propia filosofía, estudiando al detalle la comunicación. Los intercambios colectivos a veces se hacían demasiado voluminosos y el deseo de desaparecer fulgía en cuanto se cerraba un ciclo.
Sobrevivir a la variedad de las relaciones humanas, receptivas y desconcertantes, es una tarea exhaustiva y agotadora para quien se retroalimenta de sí mismo, que se busca bajo el cuello de la camisa las respuestas a cada frase, a cada mirada, a cada adiós. Y cuando la comprensión es burlada demasiadas veces, uno opta por desintegrarse para ahuyentar el dolor.
Pero ni aunque lo ansiara podía estar totalmente sola y aquella noche, en aquel conato de evaporación, Beatriz se lo demostró.
Y no hay hastío si constantemente hay presencias que apelmazan caricias y consuelo en la más completa clausura.





(There is still hope.)

domingo, 6 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 2: Minerva

No creo que nadie se haya nunca parado a pensar alguna vez en la forma en la que llegó a conocer a cada una de las personas que han pasado por su vida. No, ni mucho menos. Es más, a la gran mayoría las olvidamos, y al resto que queda las clasificamos entre “los de siempre”, “los de hace poco” y aquellos que “vaya putada no poder hacerlos desaparecer”.
Hiponimia social inconsciente y egoísta.
El paso del tiempo quiebra poco a poco la certidumbre de nuestros recuerdos hasta difuminarlos en lo que fueron (o no fueron). Es la mezcolanza irremediable que el desgaste senil nos regala.
En su caso, siempre se había sentido aturdida, a caballo entre el sueño y el mundo tangible y agotada por el miedo ya no de perder lo que uno tiene, sino de perder lo que ya no se posee. La esencia del recuerdo es tan vana y frágil como la cadera de un octogenario y la consumición de la rutina impide cada vez más la re-estructuración de nuestras capacidades. Padecía por asentar sus decisiones en el pasado, condicionando al devenir de sus agravios anteriores.
El presente era la (no) base de su nihilismo.
Pero aquella reminiscencia tan sumamente nula, imposible ni siquiera de hacer un esqueleto con sus anécdotas más dudosas le hacía siempre llevarse una sonrisa a la boca. Podía vivir de ella sin necesidad de arrastrarse hasta los orígenes de sus coincidencias. Porque el no recordar cómo había conocido a Esther le regaló la amnesia de un cariño ilimitado que la hizo inmortal.




(A mi escudo protector de la amenaza temporal)

viernes, 4 de abril de 2014

Post-ales Pre-sonalizadas // Capítulo 1: Gala

Le decían constantemente que no podía evitar las recaídas, y que no importaba que tuviera que depender de pequeñas dosis químicas para acercarse a la felicidad. Era una felicidad artificial pero, a decir verdad, ¿podría ser algo más que una mera consecuencia de varios elementos artificiosos superpuestos? Ella por lo menos podía explorar los colores de aquello que le proporcionaba “bienestar”. Pero a pesar de aquella actitud pragmática y natural, el tener que tomar pastillas para no ver cómo su rostro se deshacía frente al espejo le resultaba innecesario. Cuando las sentía sobre la lengua, saboreaba la asfixia necesaria para la tranquilidad ajena.
La desconexión de sus preocupaciones.
Desde que veía la misma caja todas las mañanas los estímulos para posicionarse sobre el papel se habían esfumado, y las ficciones-realidades que residían en su interior sólo aparecían de noche, durante el sueño cada vez más eterno. Le habían cambiado la medicación: Ahora eran los antidepresivos los que intentaban alcanzar lo que la escritura ya no conseguía curar. Se había hecho inmune a las palabras.
Toda ella se repartía en otro cuerpo, al igual que todo aquel otro organismo se extendía en ella de forma recíproca. Ambos caminaban por la misma senda de incertidumbre, y ese otro cuerpo cuyo nombre era Mireya tenía la respuesta (que no la solución) para aquel sufrimiento compartido y único:
Sentimos la vida más que el resto.





(A mi hermana-osa-polar)